El insólito cierre de los centros de educación especial
Publicado el 17/12/2020 a las 08:16
La Educación Especial se engloba dentro de la “Pedagogía Diferencial en función de la personalidad”. Es el conjunto de conocimientos científicos e intervenciones educativas, psicológicas, sociales y médicas, tendentes a optimizar los potenciales de sujetos “excepcionales”.
En la Ley General de Educación de 1970 la Educación Especial se entiende como una modalidad específica, es decir, como un sistema educativo paralelo al de la educación ordinaria, regido por sus propias normas y por un currículo específico distinto al general. Los profesores-tutores de los alumnos escolarizados en educación especial son maestros en Pedagogía Terapéutica.
El texto de la Lomloe aprobado por el Congreso de los Diputados el 19 de noviembre de 2020 es un insólito giro copernicano en el mismo tema. En su disposición adicional cuarta dice que el Gobierno debe aprobar un plan para que en el plazo de diez años los centros ordinarios cuenten con los recursos necesarios para poder atender en las mejores condiciones al alumnado con discapacidad. Se opta así por una educación “integradora”, que eliminaría la supuesta segregación de los alumnos que se educan en centros de educación especial, lo que dejaría a esos centros sin función, sin alumnos y sin apoyo económico. Sería su desaparición progresiva, aunque Isabel Celaá lo desmienta todos los días.
Debe quedar claro que en los centros de Educación Especial no se está segregando a nuestros hijos, sino que están recibiendo una atención diferenciada y personalizada que únicamente este tipo centros pueden proporcionar. En cambio, sí puede segregar que los niños con necesidades educativas especiales estén en el mismo aula que los demás, sin recibir la atención que necesitan. Un problema añadido según los expertos es que, presumiblemente, los niños con discapacidad que asistan a las escuelas integradoras padecerán un alto porcentaje de bulling (acoso escolar) debido al rechazo por ser muy diferentes. La ley Celaá obligará a derivar a todos los niños desde sus centros actuales de Educación Especial, hasta colegios ordinarios donde, en opinión de muchos padres y profesores afectados, serán “aparcados como muebles”. Pienso que la llamada “educación integradora” no es una reforma educativa, sino una propuesta ideológica basada en el igualitarismo y elaborada sin el consenso necesario, sobre todo, sin escuchar a los padres. Se está difundiendo con engaño y demagogia lo que no es más que una utopía. Es cierto que hay padres de niños deficientes que desean esa integración, con el fin de que sus hijos no se sientan discriminados. Respeto su opción, porque lo hacen por amor a sus hijos, pero les sugiero que decidan después de que los autores de la Lomloe contesten a las siguientes cuestiones: ¿Qué entienden por integrar? ¿Tienen claro que no es agregar o sumar, sino fusionar armónicamente dos o más cosas en una sola? ¿Cómo va a ocuparse un profesor de una escuela ordinaria, de niños que necesitan
Gerardo Castillo Ceballos