Vacuna contra la covid 19, un paso adelante
Publicado el 14/12/2020 a las 08:05
Ante la escalofriante cifra de fallecidos (mi más sentido pésame para todos sus entornos) por la pandemia de la llamada Covid 19, y la más que impresionante cifra de contagiados en lo que llevamos sufriéndola, veo en los medios la triste realidad de las “estadísticas de confianza” de los españoles respecto a la intención de ponerse la vacuna correspondiente (la que sea finalmente, dada la proliferación en la carrera científica por conseguirla, con la mayor celeridad posible). Un 52%, nada más y nada menos, indica que no darán el paso para ponérsela voluntariamente, en un principio. Un índice de expectativa brutal (al menos para mí) y que, seguro, tiene concordancia con lo que pueda estimarse en otras muchas naciones. Pero tiene su fundamento. Reside en todo lo que se ha podido observar respecto a los datos aportados en la evolución del tiempo que llevamos pendientes, y en la evolución de las decisiones de índole política de nuestros “estimados” líderes.
Respecto a la primera, son lógicas las dudas -estimo- cuando el proceso de generación de las vacunas correspondientes ha roto todos los registros de consecución del fin pretendido, en este tipo de ciencia. Algunas de ellas con más que dudas respecto a su eficacia, dado su origen e información debida, con oscuras lagunas, como pueden ser las vacunas rusa y china. Y cuando se generan dudas en un campo tan crucial, se tiende a generalizar la desconfianza. Respecto a la segunda, no me voy a extender, por historial conocido y sobradamente difundido por los medios de comunicación. Indicar, solamente, el sentimiento personal de incredulidad -y hastío/vergüenza- ante tanta divagación, contradicción e información manipulada por los dirigentes. Por no entrar en cuestiones -a nivel mundial- respecto a líderes que, en lugar de luchar contra la pandemia que se llevaba a sus gentes por delante -en cifras desgraciadas-, se dedicaron, y dedican, a fomentarla con sus negacionismos. Llámense Bolsonaro o Trump (como exponentes de esta ralea de impresentables), solo espero, y deseo, que cuando corresponda (y sin dejar que el tiempo nos haga olvidarlo), sean juzgados y condenados por crímenes de lesa humanidad (¿se dice así, no?), dada su responsabilidad, con conocimiento de causa, en ello.
Dicho lo anterior, me envuelve la incredulidad, de nuevo, cuando ante ese grave porcentaje de desconfianza, nuestros políticos “levitan” para no mancharse con esa realidad, flotando por encima del sentimiento colectivo, que parece no ir con ellos, en vez de bajar al ruedo y disponerse frente al toril, para demostrar a sus “mandados” que están en política por “convicción de servir y no por vivir -de ella-”. Tiempo les había tenido que faltar, monarquía incluida, para dar un paso adelante e indicar, “con luces y taquígrafos”, su disposición a ser los primeros en ponerse la vacuna correspondiente, en público, y con científicos/médicos por medio que nos aseguren lo que realmente les están inyectando. Todos los políticos, de cualquier signo y representación estatal o autonómica. Seguro que, ante una puesta en escena -real- así, el índice de desconfianza bajaría drásticamente. Y mejoraría, por otro lado, la confianza en ellos, que está sumergida en el lodo, siendo sus nocivos efectos los que se están viendo emerger de modo desgraciado, en una sociedad olvidadiza, por mal educada en el conocimiento histórico, sin componendas ideológicas.
Así pues, señores míos, hagan el favor de dar ese “paso adelante”. Yo, desde aquí, como “peatón social” me ofrezco voluntario para ponerme la vacuna. Confío en la ciencia y en su trabajo.
Javier M. Elizondo Osés