La sonrisa que esconde la mascarilla
Publicado el 02/12/2020 a las 09:22
El tiempo más empático con la cuarentena es el invierno, con toda su melancolía. Por otro lado, con la mascarilla podemos pegarnos a la ventana y contemplar la lluvia caer sin empañar el vidrio. Esta prenda que nos ahoga un poco, física y psicológicamente, nos recuerda también lo maravilloso que era el rostro descubierto. ¿No les parece un alivio llegar a casa, quitarse la mascarilla como buceador que resurge desde las profundidades del mar y disponerse a cenar con la familia? ¡Viva la libertad de los sentidos! Oler el Carmenere que giramos en la copa, hablar con toda la potencia del rostro y disfrutar, en fin, con la sencillez de una conversación familiar presencial, en vivo y en directo. Si valoramos más estos dones, la mascarilla nos habrá dejado una lección de humanidad.