Constitución y España
Publicado el 30/11/2020 a las 09:04
Aniversario de la Constitución, su 42 aniversario. De la Constitución de todos. De todos y no solo de quienes nos correspondió el alto honor, no comparable a ningún otro, de poder votarla en las Cortes Españoles como diputados constituyentes (mi caso) o senadores. Antes de que fuera sometido a referéndum, digo, votar el proyecto de la Constitución, que, a salvo la de 1876, la conocida como Constitución de Cánovas del Castillo, más vigencia ha tenido ya en la historia constitucional española. Casi nada, para que se valore. Y, votarla, nosotros, favorablemente (326 votos a favor del proyecto de 350 diputados en el Congreso) y, como nosotros, votarla favorablemente una abrumadora mayoría de españoles, un 87,87% de los votos emitidos. Y no es que no tuviera sus opositores, que los tuvo y duros. En las Cortes y fuera de ellas. Y aquí mismo en Navarra. En aquel extraño entente de personalidades de distinto signo ideológico y político - nacionalistas vascos y de derecha, entre ellas- que, una y otra vez, alzaron su voz y sus escritos, con dureza y descalificativos personales de todo tipo (contra diputados y senadores de UCD sobre todo) para que, el día de aquel referéndum, el 6 de diciembre de 1978, se votara contra ella. Contra una Constitución como la nuestra, la actual, que si por algo se caracterizaba -y caracteriza, claro- es por responder al deseo de la inmensa mayoría de españoles de disponer, de una vez por todas, de un marco de encuentro, entendimiento y concordia. Tal y como se corresponde a una sociedad democrática y un marco constitucional en el que cupieran el desacuerdo pero también la paz, nuestros derechos y libertades, acordes a un Estado de Derecho. Sin olvidar el progreso y la modernidad de España y su integración definitiva en Europa.
Y ahí estamos. O, mejor, estábamos. Estaban los partidos políticos. Manteniendo desacuerdos y discrepancias pero también acuerdos. Manteniendo desencuentros pero también encuentros. Lanzándose dardos, y algunos durísimos, pero pactando no hacerlo en los grandes asuntos de Estado. ¿Asuntos de Estado, de España por tanto, digo? He aquí los dos en los que solo el pacto debiera haber sido la constante entre los partidos y expresamente entre los grandes, PSOE y PP, entre el Gobierno de España y el primer partido de la oposición: la búsqueda de soluciones respecto a la salud de todos los españoles y la búsqueda de las mismas en cuanto a la reconstrucción económica y social de España.
Pero, con lo hecho entre ambos, justo lo contrario (tanto da si por los unos, por los otros, o por ambos), a empeorar la situación, ya de por sí grave. Como a peor lo hubiera ido si quienes, la mayoría de los elegidos el 15 de junio de 1977 como diputados y senadores (de UCD, del PSOE, del PC y minorías vasca y catalana) hubiéramos antepuesto los intereses partidarios a los de España y los españoles. Si nos hubiéramos aferrado a nuestros postulados y (haciendo caso a los radicales y extremistas, que no querían ir -como ahora- más allá de la defensa de sus cotos e intereses), hubiéramos desoído el clamor popular de trabajar unidos. Unos desde el gobierno (UCD) y los otros desde la oposición (PSOE y demás), en favor de lo que importaba: solventar la grave situación que azotaba a España (y ahí los pactos de La Moncloa para salir de ella), unir fuerzas (las de los partidos democráticos) ante el terrorismo y, cómo no, aprobar una Constitución como la de 1978, por cuya vigencia en este 42 aniversario seguimos apostando (como seguro apuesta la mayoría de españoles) por ser la mejor de las posibles. Y por haberse mostrado útil y eficaz para resolver los problemas de todos.
Pedro Pegenaute Garde, diputado constituyente por Navarra con Unión de Centro Democrático (UCD)