Se ha hecho de noche
Publicado el 17/11/2020 a las 08:05
No por esperado el acuerdo presupuestario entre el PSN y Bildu resulta menos reprobable. Se consuma así el apasionado beso entre María Chivite y Bakartxo Ruiz que anticipó el artista callejero LKN en el icónico dibujo que la Policía Foral, actuando como seguridad privada de los socialistas, se apresuró a destrozar con una celeridad nunca antes observada a la hora de combatir la cartelería proetarra.
El acercamiento entre ambas formaciones obedece a una estrategia cuyo alcance se extiende más allá de nuestra muga. Se nos llena la boca hablando de foralidad y autogobierno, pero cada día resulta más evidente que el futuro de Navarra se decide lejos de aquí. Este episodio contribuye además a minar la ya escasa confianza de la ciudadanía en unos políticos que incumplen promesa tras promesa. Todo candidato en campaña electoral debería estar conectado a un polígrafo.
El morreo entre socialistas y abertzales es censurable por varios motivos. En primer lugar, porque no había necesidad. Ni aquí, donde el ofrecimiento de Navarra Suma de apoyar gratis unos presupuestos sin Bildu dejó al desnudo las verdaderas intenciones de Chivite; ni en Madrid, donde sus votos son prescindibles. En segundo término, porque nada cabría objetar a un entendimiento con los abertzales si se atisbara en ellos alguna intención de abjurar de su siniestro pasado. No es el caso. Los batasunos se encuentran sumamente cómodos sabiéndose objeto de deseo, sin verse empujados a renunciar a su indecencia ética. La que exhiben en los humillantes homenajes a exetarras; en la falta de empatía con unas víctimas a las que reconfortaría una sincera petición de perdón; en el falso relato sobre lo que la banda armada significó o en sus escritos que no hablan de asesinatos sino de muertes injustas -como si alguna no lo fuera- y en los que omiten toda condena a los más atroces crímenes. El acuerdo es además rechazable porque las políticas de Bildu son gravemente lesivas para Navarra. La contumaz oposición de estos pueblerinos a todo progreso -llámese carreteras, agua, tren o inglés-; su obstinación por convertir a nuestra comunidad en un infierno fiscal disuasorio para los inversores, o su secular maltrato a las empresas generadoras de trabajo no auguran sino miseria.
Me sorprende la indolencia con la que los socialistas asisten a la voladura de la Navarra y España constitucionales de la mano de quienes han confesado, sin rubor, su intención de tumbar el régimen del 78. Me entristece que, en estos tiempos de principios líquidos, haya políticos que vendan su alma al diablo por una efímera nómina pública; que unas siglas se travistan hasta el punto de resultar irreconocibles. Me asombra el síndrome de Estocolmo de Javier Remírez con quienes amargaron la vida a su madre; la cercanía de Maite Esporrín con los que la acosaron tras tomar posesión de su cargo; la tibieza del delegado del Gobierno frente a los excesos de los radicales... Pero lo más descorazonador es que ninguno de los últimos 70.143 votantes del PSN que padecieron los años de plomo o a quienes seguramente ha conmovido el libro o la serie “Patria” tenga valor suficiente para romper el atronador silencio de los corderos afeando la victoria póstuma que su partido ha regalado a ETA aliándose con sus herederos políticos, con olvido de aquellos compañeros que la combatieron pagando un alto precio.
Son días malos. Apenas hemos despedido a Manuel Torres, arquetipo del empresario preclaro creador de riqueza, asistimos a la ignominia de ver estampada en el acuerdo presupuestario la firma de un Adolfo Araiz que desde la Mesa Nacional de HB impulsó la socialización de un terror que obligó al propio murciano a dedicar parte de su valioso tiempo a ejercitarse con la pistola que la amenaza terrorista le forzó a portar. Se nos va Manuel y Chivite entroniza a Adolfo. En Navarra se ha hecho de noche, y parecen ser más los dispuestos a dormir que a encender la luz. Lo pagaremos caro.
Manuel Sarobe Oyarzun