Gratuidad

Mª Elena Arenaz Erburu|

Publicado el 14/11/2020 a las 10:32

Siempre ha habido personas deseosas de acumular dinero, de pensar todo en términos económicos y de enfermar por no tener más de lo que posee. Nuestra sociedad también ha caído en general en una carrera por acaparar todos los bienes posibles hasta llegar a la peligrosa idea que el dinero es poder, que da la felicidad y que lo es todo; envolviéndolos en un individualismo enfermizo que no puede meterse empáticamente en la piel de los demás. Estos días saltaba la noticia en el periódico del lanzamiento de “Mousehelper”, para ayudar con el ratón del ordenador a pacientes con temblores y rigidez. Es significativo que un joven, Antonio Liberal, metido en la piel, corazón, cabeza y necesidades de estas personas -también él tiene Parkinson-, haya sido tan osado con sus potencialidades. Lo digo porque también ha sabido pensar en los demás y poner todo su ingenio, esfuerzo, tiempo y capacidad, no sólo para él, sino también para otros, ampliando su campo de visión hacia un colectivo concreto de la sociedad.

Podía haber sido un grupo, empresa, colectivo, gobierno quien diseñara tal aplicación y también nos parecería muy grato. Sin embargo, cuando se trata de personas particulares, queda más remarcado el ingenio y la riqueza del ser humano. En un mundo en que todo es medido por dinero, siempre hay personas corrientes, que nos recuerdan que existe la gratuidad, esta palabra que el Papa Francisco ha querido resaltar en su última Encíclica “Fratelli tutti” en la que dice: “es la capacidad de hacer alguna cosa porque sí” y es “capacidad”, porque no todo el que la tiene quiere emplearla para bien de otros.

Lo digo porque este joven ha creado la plataforma sin ánimo de lucro, aun pudiéndolo hacer en su derecho y legitimidad. Es más, no va a cobrar nada, recordando ese “porque sí” que dice el Papa. Y el “no va más” es que invita a todos los que usen la aplicación, entreguen un donativo a cualquier Asociación de Parkinson. “¿Quién da más?”, se podría decir, aunque muchos imbuidos de egoísmo, como mínimo dirían que es un ingenuo. Para muchos y para mí es el ingenio de la generosidad, de la sencillez altruista, del esfuerzo desprendido, un leal compañero de fatigas y un hombre de compromiso social.

Nuevamente el Papa dice en la Encíclica “la vida es el arte del encuentro”. Verdaderamente no le pagarán la aplicación con dinero, pero sí con mucho agradecimiento, con la euforia de la superación de las dificultades comunes y con el “encuentro” de la alegría, a la hora de escribir y mover el ratón tal como lo estoy haciendo yo escribiendo esta carta. Aunque personalmente no tengo Parkinson, mientras escribo siento la empatía en las dificultades de muchos y el entusiasmo de que con la ayuda de esta aplicación las estén superando. Ha escapado del “¡sálvese quien pueda!” y su lanzamiento de “Mousehelper”, en vez de currárselo en beneficio propio y frente al utilitarismo individualista imperante, ha sido realista, magnánimo y de miras amplias, quitándose la txapela para no reducir su vida a un comercio ansioso y egoísta. Muchísimas gracias a estos jóvenes que tantas alegrías y esperanzas nos dan.

Mª Elena Arenaz Erburu

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