Una presa medieval
Publicado el 12/11/2020 a las 08:14
Sobre la última, y preocupante, notificación por parte de la CHE al Ayuntamiento de Pamplona y sobre el tema de la presa de Santa Engracia en la Rochapea, serían necesarias algunas reflexiones basadas todas en una cierta lógica y en los ya casi tres años de rotura de la misma. Se repite hasta la saciedad que las cosas y las opiniones casi nunca son totalmente de color blanco o negro, sino que suele haber matices. Por una parte, nadie niega la deseable salud del río Arga y de su fauna y flora, como tampoco el derecho de la ciudadanía al disfrute de sus beneficios, tanto deportivos como paisajísticos. Es cierto que la presa de Santa Engracia ya no cumple la misión que tuvo entre los siglos XIII y XX como batán, central eléctrica o fábrica de caucho. Ahora “sólo” serviría para la práctica de pesca, piragüismo, remo y su estética visual. Se aduce, para la destrucción de la presa medieval, que la fauna piscícola no podría remontar la corriente aguas arriba, cuando se sabe que ese tema se soluciona colocando las correspondientes rampas laterales. Se dice también que la presa facilita las inundaciones, cuando también se sabe, y avalado por técnicos, que en una fuerte avenida las aguas saltan por encima de la misma. Sin la recuperación de la presa de Santa Engracia tan sólo se consigue el triste espectáculo, en el corazón de Pamplona, en el tramo que va desde el “bosque” del puente de San Pedro a dicha presa de la Rochapea.
Porque, ¿acaso alguien se atrevería a destruir las presas de Caparroso/Natación -San Pedro y Biurdana, todas ellas medievales? El criticado Ayuntamiento de Pamplona-Iruña, y al margen de ideas políticas que no vienen al caso, solo intenta cumplir con su promesa del arreglo de la presa y se atiene a las firmas de más de 5.000 ciudadanos que podrían haber sido muchas más si tal recogida de firmas se hubiera publicitado más ampliamente entre los 200.000 habitantes de la ciudad.
JOSÉ MARÍA GIL