Identidad
Publicado el 10/11/2020 a las 08:18
A raíz de su cierre, se ha abierto el debate sobre el modelo económico que queremos en España. Lejos de sentir orgullo, hay quien se avergüenza al oír que España es el país con más bares por habitante del mundo. Quizás vean detrás de este hecho un perfil estereotipado, anclado a una barra, copa tras copa en la mano.
Sinceramente, nada más lejos de la realidad. Quiero pensar que, para la mayoría, a ambos lados de la barra hay orgullosa identidad. En cada local de nuestra geografía se defiende el valor del producto local, y con ello a quienes trabajan para que no se pierda. Los restaurantes mantienen viva la cocina de nuestros abuelos, o nos invitan a descubrir sabores nuevos. Esa cafetería en la que saben que el café te gusta sin azúcar y templado, es la revelación de una forma de ser convertida en almuerzo o desayuno.
Los ladrillos de nuestros bares han sido testigos de eufóricas celebraciones, de esperados reencuentros, refugio de consolación en las derrotas, atentas oyentes de miles de historias. Es donde quedamos después de un día largo de trabajo, donde tienen ese bocadillo como no hay en ningún otro sitio, lugares con paredes llenas de personalidad y escenarios en los que la música nunca se hace de rogar. Y detrás de todo eso, las ideas y sueños de quienes lo sacaron adelante. Las manos de quien crea y de quien te trae el plato a la mesa, el conocimiento en la recomendación de un buen vino, la pasión de quien prepara un Gin-Tonic como si estuviese pintando un cuadro en el Louvre. Me da pena que alguien pueda sentir vergüenza de algo que forma parte de lo que somos. Porque somos de juntarnos, de conquistar las calles sin importar la hora o el motivo, de ir de bar en bar y de alargar la sobremesa. Hablamos durante horas alrededor de un café y cantamos a pleno pulmón hasta que nos aguantan los pies.
Defender la hostelería no es solo defender los pintxos, las tapas y las cañas. Un trago de sidra es el último paso de una larga cadena que, eslabón a eslabón, convierte en cultura y arte nuestra tierra.
Miryam Ayerra Ancín