Acoso
Actualizado el 08/11/2020 a las 23:55
Dicen que es bueno escribir o hablar de las vivencias o situaciones que te encuentras en la vida para así poder superarlas. En mi caso mi vida con mis hijos era de lo más tranquila y sencilla, me imagino, como la de miles de familias. Pero un día todo explotó y el acoso escolar llegó a nuestras vidas destruyendo a uno de mis hijos. Como ser humano que soy salieron mis más bajos instintos, mis deseos de venganza, ira, furia y rabia. Pero ellos no se saldrán con la suya. Nosotros no somos como ellos. A todos esos padres y madres, no se piensen que sus hijos e hijas no saben lo que hacen y que no saben qué es el acoso. En las redes sociales, en la escuela, en la televisión, es un tema recurrente del que se habla y saben las consecuencias y el daño que provocan, grabando, difundiendo, insultando, maltratando, humillando y provocando vejaciones continuas todos y cada uno de los días de su vida. Las consecuencias y el daño que provocan de falta de autoestima, de poco o nulo valor hacia su vida, la desconfianza a interactuar con cualquier persona, incluso de la familia, por miedo al rechazo y a que te hagan más daño hacen que lleguen incluso a pensar en el suicidio para acabar con ese sufrimiento continuo. Como alguien dijo una vez: “Vivimos en un mundo al revés en donde el bueno tiene que ir al psicólogo para aprender a sobre llevar las cosas que hace el malo”. ¿Cómo unos niños o adolescentes pueden hacer tanto daño a otro ser humano para que crea que su vida no valga nada y no vea la forma de salir de ese estado de ansiedad empujándole a pensar en la muerte? ¿Qué ocurre? ¿Qué pasa con las instituciones, con los centros educativos, con los padres, madres y con la sociedad? Las instituciones dicen que hacen lo que pueden. Si vives esta situación desde dentro, día a día, te das cuenta de que no es así. Se habla con los niños o adolescentes implicados, se les da una pequeña charla, y tema solucionado. No hay un seguimiento, un control, no se presta atención si en los días siguientes persisten estas situaciones y se les olvida. ¿Cómo podemos permitir que nuestros hijos actúen de esta forma? Un día podría ser tu hijo o hija el que se viera en esta situación y entonces, ¿qué harías? Todos los padres, madres, alumnos, profesores, orientadores, psicólogos y en especial centros educativos tenemos que luchar contra esta lacra que está devastando a nuestros hijos e hijas y no conformarnos con lo que tenemos ahora. Espero que esta carta, con mi tristeza y repulsa, ayude a seguir luchando a todos y cada uno de esos niños y niñas que están en esta situación, y a los padres y madres a educar en el respeto al prójimo a sus hijos. Yo no me voy a rendir, no debemos rendirnos. No nos quedemos callados. No seamos aliados. Actuemos.