Qué vergüenza de país

Alfonso Orlando Machimbarrena|

Publicado el 15/10/2020 a las 08:53

Resulta que en España es todo un lujo ser discapacitado, qué barbaridad. Cualquier ayuda técnica que se necesite para ayudar a mejorar nuestra calidad de vida es absolutamente inalcanzable. Sillas de ruedas manuales con unos precios desorbitados, sillas automáticas extremadamente caras, adecuaciones a la vivienda, dispositivos de acceso al ordenador, grúas de techo, sillas de baño, camas sociosanitarias, ayudas a la conducción… todo es exageradamente caro.


Por el contrario, las subvenciones que ofrece el departamento de Bienestar Social, de las respectivas comunidades autónomas, no llegan ni al 30 % de media del valor de estos productos. Teniendo en cuenta que la gran mayoría de los discapacitados en España son de una edad comprendida entre los 9 y 60 años y que solamente cobran una indemnización el 20%, cómo diablos podemos vivir con una cierta calidad de vida, con pensiones entre 450 euros de la pensión no contributiva y 1200 euros de media de una pensión por invalidez permanente.


De qué nos sirve la seguridad social gratis si luego no podemos ni siquiera adquirir una silla eléctrica, (que nos proporciona vida e independencia), porque cuestan de 12.000 euros en adelante, por poner un ejemplo. Y no nos sirve la excusa “hombre, las hay más baratas”. Mentira, una silla bien adaptada para un parapléjico o tetraplejico es un verdadero robo a mano armada. Incluso cuanto más dificultosa sea la discapacidad, más cara son las adaptaciones. Con el resto de ayudas exactamente igual.


Parece mentira, siempre igual, estamos siempre a la cola. Sin embargo, otros países como Francia, Suecia, Dinamarca, Noruega, y Alemania se encargan de subvencionar el 100% de todo aquello que sea imprescindible para mejorar y adaptar la calidad de vida de este colectivo. Todavía estamos a años luz respecto a ellos en cuanto a solidaridad, conciencia, ayudas sociales y reinserción en la sociedad de los más vulnerables. Luego, a los políticos españoles se les llena la boca de promesas, de derechos sociales, de ayudas, de ley de independencia…de falsas esperanzas y de mentiras. Un país salpicado por la corrupción política, incapaces de ponerse de acuerdo para luchar contra esta terrible pandemia que tan duro nos está azotando. En definitiva, un país donde el mero hecho de ser un discapacitado es un auténtico lujo.


Quiero dedicar este artículo a mi querido amigo Fernando, un señor tetrapléjico desde hace ya 25 años que, por falta de medios y ayudas sociales, lleva postrado en su cama diez años. Solo tiene a su anciana madre que, lógicamente, ya no puede ayudarle.Hacerle la higiene y tres horas de compañía y rehabilitación es lo único que le ofrece su comunidad, y un descuento ridículo en el material ortopédico. A pesar de todo nadie ni nada le quita las ganas de vivir y seguir luchando.

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