Bonnie and Clayde

Luis Cabaneiro Santomé|

Actualizado el 03/10/2020 a las 17:21

Un día normal de fin de mes puede transformarse inesperadamente en una forzosa aventura para tres: "Salía de compras al hiper, traía comida para tres días pero el niño por el camino se cobra los atrasos y se zampa dos. Óptica a las 11 a. m, trato al óptico como a un señor y él a mí también: gafas de ver para el niño con montura de Cártier y detalles de Swarosky ; el precio disparado me concede la licencia de preguntar al óptico si los cristales de Swarosky son progresivos y ahí es cuando el óptico empieza a desconfiar si el señor tendrá cash. Después de la aventura comercial el coche arranca regular, sino, a clase andando pero con cinco suspensos para que mejore papi de su dejadez, ayer me trataba como a un rey y hoy reclama encendido recargarme el móvil con cinco cuando la app pone claramente: no con menos de diez. Día 30, al final también peta el coche ; tanto baile en la cuerda floja presagiaba fiesta a lo Bonnie and Clayde, sin un clavo por España y a lo loco con mi hijo y mi mujer. ¡Familia, sale el autobús a las tres!, ¡papi, papi!, ¿llevo el flotador?. ¡Madre mía!, ¡no hijo, apaga la luz al salir!. ¡No hay papi! "

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