El Día Europeo de las Lenguas: construyendo Europa desde las aulas en Navarra

Áine Donaghy|

Publicado el 26/09/2020 a las 09:58

En colegios por toda Europa palabras como protocolo, higiene de manos y distancia de seguridad han sustituido (esperemos que temporalmente) a otras como educación integral, atención a la diversidad y aprendizaje permanente. Este curso escolar, todos hemos acudido a la escuela de una forma diferente; hay incertidumbre y hay preocupación. En este contexto, las lenguas son herramientas a nuestra disposición, que nos pueden servir para superar dificultades y cumplir con nuestros objetivos.

Hoy, día 26 de septiembre, se celebra el Día Europeo de las Lenguas; día en el que el Consejo de Europa nos invita a reconocer, a utilizar y a valorar nuestras lenguas y a enriquecer con ellas nuestra herencia cultural y lingüística. Es un momento para reflexionar: en Europa somos más de 800 millones de personas de 47 países diferentes. Tenemos más de 200 lenguas y nos enfrentamos a más retos que nunca.

La Covid 19 ha puesto en jaque cosas que incluso habíamos dado por hechas. La estabilidad relativa de otros tiempos se ha roto y en todos los ámbitos de nuestras vidas encontramos desafíos que antes no existían. El ámbito educativo está siendo de los más afectados y, dado que casi un tercio de la población europea es joven, lo que elijamos en las aulas marcará la diferencia.

La separación entre pupitres reproduce la distancia social de fuera de ellas, pero nuestra misión educativa sigue siendo la misma: estamos para preparar a nuestro alumnado para participar en un mundo globalizado. Por tanto, ¿qué consecuencias puede traer esta situación?

Históricamente, los centros educativos han ido superando los desafíos a los que se han enfrentado. O, lo que es lo mismo, lo ha hecho el profesorado. En todos los centros de Navarra a través de proyectos lingüísticos ambiciosos, el alumnado participaba en actividades orales, además de escritas y eran ya palpables los beneficios de una educación más personalizada y centrado en él.

Actividades como debates, mesas redondas, asambleas, dramatizaciones y otras semejantes iban ganando terreno a la tradición lingüística que priorizaba su análisis y descripción. La comunicación, función per se de las lenguas, se trabajaba de forma intencionada en tareas por parejas y en grupos colaborativos dentro del aula en todos los idiomas del centro.

El crecimiento afectivo de toda una generación también se trabajaba desde espacios participativos. El papel fundamental del profesor venia a ser la creación de espacios de diálogo y, aprendiendo entre iguales, también se fomentaban unas relaciones horizontales sanas. Al expresar pensamientos y sentimientos aprendían a entenderse a sí mismos para así interactuar de forma efectiva en sus clases, grupos, familias y comunidades. El esfuerzo para todos era importante, pero sabíamos que las recompensas también lo serían.

La planificación educativa pretendía y en general conseguía mejoras en el desarrollo lingüístico, cognitivo y social. Y, ante la situación de reto actual está en manos de los profesores el seguir construyendo circunstancias que den como resultado estas mismas mejoras; tareas dinámicas y organizaciones creativas en aulas participativas seguirán siendo claves en pro de una educación integral e integradora.

Aunque este curso escolar sea distinto, y tengamos, por supuesto, que cumplir estrictamente con las normas, no debemos volver a etapas de una educación tradicional que ya suponíamos superadas (en los que el profesor hablaba, dictaba y mandaba mientras que los alumnos, callados, siguieron sus instrucciones). No pudiéndose compartir ni la goma de borrar, debemos evitar que el trabajo de los alumnos sea exclusivamente individual en lugar de personalizado.

La conciencia de las personas que nos rodean ha aumentado y hay que dar confianza a los alumnos; no debemos dejar que la aprensión altere nuestras prioridades educativas. Las distancias físicas han aumentado, pero las emocionales no tienen por qué hacer lo mismo. Evitemos que nuestra mirada se vuelva más estrecha: a hacer se aprende haciendo y hablar se aprende hablando. No nos tenemos que ver necesariamente frenados por un ‘por si acaso’.

Asimismo, no se deben echar en falta voces que suenen. Con la mascarilla al hablar se entiende peor, pero por el miedo que puede haber detrás de la mascarilla, no dejemos que nos haga más difícil mirarnos a los ojos y interactuar cara a cara. Evitemos que se hable más “a” los demás y menos “con” ellos; que el diálogo no quede relegado a otro tiempo y a otros lugares. No olvidemos nuestro deseo de innovar. Sería una pena desandar lo andado y una comunidad se construye en interacción.

Necesitamos seguir trabajando las relaciones sociales entre iguales. Necesitamos seguir trabajando la participación responsable desde roles en grupos de trabajo. Necesitamos seguir haciendo hincapié en la mejora de la competencia comunicativa. Sigamos con el diálogo, con la participación y con la colaboración. Hacerlo nos exige ser más creativos que nunca, pero si siempre hemos estado a la altura, esta vez también.

Nuestras acciones tienen mucha repercusión y lo que posibilitamos en nuestras aulas crea el futuro. Es cierto que las nuevas tecnologías son una herramienta más que nos pueden ayudar en nuestra labor educativa y en el confinamiento nos sirvieron de mucho. No obstante, estando juntos aprovechemos para otras actividades más humanas y colectivas. Aprovechemos para educar en lo que es más difícil conseguir mediante las nuevas tecnologías; sigamos utilizando los espacios relacionales del aula para educar en la participación.

Hoy, Día Europeo de las Lenguas, conviene recordar que el futuro de Europa depende de la preparación de personas activas y proactivas que puedan aportar saberes, sentires, ideas y habilidades en beneficio de la comunidad europea. Asimismo, depende de que personas comprometidas con educación como nosotros, los profesores, reflexionemos, valoremos y utilicemos las lenguas de que disponemos. Europa depende de nuestra participación. Y en los centros educativos en Navarra, como en los de toda Europa, nos toca ser más creativos que nunca para asegurar que así sea.

Áine Donaghy es profesora.

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