Hay que hablar de vida y no de muerte, por favor
Publicado el 18/09/2020 a las 08:17
Se ha estado debatiendo en el Congreso de los Diputados estos días la ley orgánica de regulación de la aplicación de la eutanasia.
Para mí, es un día realmente difícil y triste, lleno de sentimientos, rabia y, sobre todo, mucha impotencia. Hace 25 años sufrí un accidente de moto, que me paralizó de hombros para abajo absolutamente todo. Ni sensibilidad ni control de esfínteres y, por el contrario, sí muchos dolores neurológicos y muchos problemas respiratorios. En Toledo tuve la suerte de conocer a mucha gente en la misma situación que yo, la gran mayoría éramos jóvenes y niños. Con todos nuestros problemas físicos y, sobre todo, psicológicos, se respiraba un ambiente de alegría y positivismo, en general. Lo más difícil fue la vuelta al hogar, a tu entorno social, a tu vida anterior. Esa fase es muy difícil y compleja, pueden pasar años hasta su adaptación o no superarlo y vivir sumergido en un mundo carente de estímulo. Normalmente para superar esta fase de aceptación de la realidad, hay que pasar por una gran dosis de realismo, apoyo familiar y apoyo institucional por encima de todo.
Yo, y muchos como yo, hemos pasado por ese camino estrecho, donde ves el precipicio y te dan ganas de saltar y no luchar más. Pero la vida es maravillosa, nunca sabes qué te depara el destino, nunca sabes hasta dónde puedes llegar, no sabemos nuestros límites. En mi caso, después de pasar una adaptación dura y muy típica, anti social, con falta de estímulo y de amor por el prójimo (ya que sólo piensas en tu problema, lo demás te da igual), fui padre de dos niñas maravillosas, hice diseño gráfico y estoy estudiando el grado de Geografía e Historia en la Uned. Trabajo como Dj para la fundación Puente Abierto, por los pueblos de Navarra y la Rioja, y como yo cientos de chavales que han sabido reubicarse en la sociedad, y que aún tienen mucho más mérito que yo.
Ahora bien, para que suceda esto, se necesita que tanto las instituciones públicas como el Gobierno de turno, les apoye en todo aquello que necesitan, para adaptar su nueva vida, con ilusión, con alegría, con garantías de poder desarrollarse profesionalmente como cualquier otra persona.
Si en los momentos difíciles, de los recién accidentados, de los que todavía no han superado la fase de adaptación o de los que simplemente se encuentran solos, sin amigos, sin familia y sin estímulo ninguno, hablamos de muerte y no de vida, lo siento. Pero flaco favor les estamos haciendo.
Alfonso Orlando Machimbarrena