Basta de pamplinas

Pablo Uriz Urzainqui|

Publicado el 20/08/2020 a las 08:11

Pamplinas: la RAE las define como “Dicho o cosa de poca entidad, fundamento o utilidad”. ¡Pues de pamplinas deben dejarse definitivamente el Delegado del Gobierno Arasti, la presidenta Chivite, sus consejeros Remírez (Interior), Induráin (Sanidad), Gimeno (Educación) y Santos (Justicia), y un sin número de alcaldes navarros porque, sencillamente, no están cumpliendo con su deber de proteger eficazmente a sus administrados de contagios por coronavirus! Evidentemente, esto no es ninguna “pamplina”.

En estas líneas, cuyo argumento va de mascarillas, voy a referirme fundamentalmente a la situación en el parque de La Constitución de Barañáin, porque es la que personalmente conozco. Me han contado que en otros lugares se viven condiciones parecidas pero no he sido testigo.

Cualquier día agradable, quien se pasee a media tarde por allí, encontrará el siguiente panorama: gente mayor de 25 años perfectamente “enmascarillada”; niños de hasta 8-10 años -suelen ir con sus padres- ídem de ídem; y jóvenes entre 18-25 que, en general, cumplen con la norma. Pero también pulula por allí la chavalería de entre 13 y 17 años: siempre en manadas alrededor de un banco, frente contra frente, sien contra sien, la música a todo ruido, latas de refrescos compartidas… Y, por supuesto, la mayoría a cara descubierta.

El veterano paseante (o sea, yo) les llama la atención con sus “poneos las mascarillas…, eso es una mascarilla, no una gargantilla…, etc”. Los más pequeños a veces simulan hacerle caso, pero los demás se pueden reír de él, contestarle poco agradablemente -incluso llegando a la amenaza- y, naturalmente, siguen sin mascarilla. Visto el panorama, a mediados de la semana pasada telefoneé a la Policía Municipal de Barañáin explicando el asunto y me contestaron que ya lo sabían pero que no podían hacer nada pues solo estaban dos agentes. Ante semejante despropósito apelé a la Policía Foral en donde me aseguraron que patrullas suyas vestidas de paisano vigilarían lo que allí ocurriera. Confiado en las seguridades dadas por “los forales”, me despreocupé. Esta semana, he cruzado varias tardes el parque y… ¡todo sigue igual y los desembozados probablemente han aumentado! Atención, pregunta para los señores policías forales: ¿se han dignado a pasar por el parque o sus promesas no tenían otra intención que quitarse de encima a un “abuelo Cebolleta”? Lo evidente es que no ha habido mejora alguna.

En chavales de estas edades es norma la resistencia a la norma, pues a los 17 años se sienten el centro del Universo, se consideran los más listos, creen “dominar” las situaciones -¡a ellas o a ellos les van a decir lo que deben hacer!-. Y lo malo es que los de 15 años imitan a los de 17, y los de 13 a los de 15. En fin, tal y como siempre ha sido… Pero si nuestras autoridades ordenasen a sus cuerpos policiales que actuaran ateniéndose estrictamente a la Ley y esa muchachada apareciese un sus casas con multas de 100 euros, ¿qué dirían sus padres? Sería muy entretenido verlo...

Pablo Uriz Urzainqui

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