¿Ha llegado el negacionismo pandémico a Navarra?
Publicado el 14/08/2020 a las 08:08
El pasado sábado, 2 de agosto, la policía sancionó a tres personas que habían convocado un acto antimascarilla en Pamplona. El sábado siguiente, 8 de agosto, un pequeño grupo de personas se concentró en Pamplona en protesta por la obligatoriedad de las mascarillas, de las vacunas y de la tecnología 5G. Los convocados danzaron en corro, dándose las manos y sin portar mascarilla, manifestando que “nos están engañando, ya que nos quieren controlar con chips”. Recientemente, ha sido suspendido por las autoridades el partido proyectado por un joven en Mendillorri entre infectados y no infectados por el virus. La marea negacionista ha llegado a nuestras playas forales…
Con anterioridad, según informaba este medio (Diario de Navarra, 2/8/20), el 1 de este mes, casi 20.000 personas (entre ellas, ultraderechistas, conspiranóicos, antivacunas y contra la tecnología 5G) intentaron manifestarse en Berlín contra las restricciones del covid-19, pese al repunte registrado en los días previos, siendo suspendida por la policía alemana por no llevar mascarillas ni cumplir las normas de distanciamiento físico. Manifestaciones similares se han ido multiplicando por todo el mundo hasta cristalizar en un movimiento que relativiza o rechaza los avances científicos. Esta corriente nos recuerda a otros movimientos conspiranóicos y anticientíficos, como los defensores del “terraplanismo” que mantienen que la Tierra es plana en vez de un esferoide oblato, los negacionistas del holocausto nazi o de haber pisado la Luna, etc…
Soy consciente de que determinados gobiernos, basándose en el control que requiere esta pandemia, pueden caer en tentaciones dictatoriales, como el riesgo de “infectadura” denunciado recientemente por un grupo de intelectuales argentinos. Pero como sabiamente afirma el axioma filosófico A posse ad actum non valet consecutio. No podemos deducir que si algo puede ocurrir, ocurra en realidad.
No podemos olvidar la afirmación sartriana de que “mi libertad termina donde empieza la de los demás”. Cuánto más en los temas relacionados con la salud en los que tenemos que mantener la necesaria responsabilidad y solidaridad. Precisamente, en la citada manifestación de Pamplona, el locutor amenizaba el baile con referencias a la libertad frente a las pautas de actuación respecto al covid-19. No son de extrañar las actitudes intolerantes de algunas personas y grupos de estos movimientos. La prestigiosa periodista Rocío Vidal fue insultada en la manifestación del pasado 11 de julio en Madrid en la que la conocida fotógrafa Ouka Leele declaró que “el amor es la mejor mascarilla” y que “ninguna ley puede estar por encima de la ley natural”. Precisamente, en esta misma fecha falleció un conductor en Bayona al ser agredido por unos pasajeros que se negaron a ponerse la mascarilla en el autobús. Ante estas manifestaciones, cabe que nos preguntemos por sus causas más profundas. Según prestigiosos especialistas, el miedo y la incertidumbre que condicionan esta pandemia constituyen un campo abonado para propalar infundios. Además, en estas coyunturas suele apelarse de un modo exagerado al ámbito emocional que, a menudo, tiene muy poco que ver con lo razonable. Otra característica de estos negacionistas es la ausencia de fundamentación científica que les hace creerse en posesión de la verdad única. En el referido performance de nuestra capital se llegó a tachar de “ignorantes” a las personas que cumplimos las recomendaciones de Salud. No obstante, frente a este negacionismo pandémico, la tozudez de los hechos nos está indicando que debemos seguir las pautas sanitarias. No podemos olvidar hechos recientes como el del joven que murió en San Antonio (Texas) tras haber participado en una “Covid party” para infectarse. Sus últimas palabras fueron: “Creo que me equivoqué, pensé que era un bulo”. Y qué decir de los negacionistas, como Bolsonaro o Boris Jhonson, que han sido infectados por el virus. Creo que esta pandemia nos está exigiendo a todos la necesaria responsabilidad, solidaridad, sensibilidad y respeto que se merecen las, hasta el momento, 530 víctimas fallecidas en Navarra así como los potenciales afectados que somos todos.