No olvidemos a nuestros jóvenes

Teresa Ferrer Gimeno|

Publicado el 23/07/2020 a las 08:34

Los jóvenes son futuro, por eso creo que merece la pena escuchar a los expertos que nos hablan de adoptar un nuevo modelo económico que aporte valor al factor humano en las actividades económicas. Debemos formar parte, también como ciudadanos, de una sociedad responsable, no latente ni anestesiada, que sea capaz de valorar las consecuencias de lo que ocurre ahora, después de haber transmitido a los jóvenes el valor del esfuerzo y el trabajo. La sociedad debe ser capaz de dar respuesta al terrible problema del desempleo juvenil, en este momento de crisis, sin mantenernos ajenos a las consecuencias que inciden en nuestros jóvenes, en sus ilusiones. Es un desafío enorme, social, político y económico, reconocido también por Europa que pide reformas y exige que estemos a la altura, los jóvenes nos observan y son nuestra esperanza de futuro. Creo que el mundo ha dejado de lado algunos principios y no hemos reparado hasta que una crisis sanitaria nos ha dado de lleno, pero ahora toca despertar y tratar de poner futuro a la desesperanza de muchos.

Es cierto que los empleos seguros, habituales antes, ya casi resultan impensables para nuestros jóvenes y así lo sienten, teniéndose con conformar con temporalidad y escasa retribución, en espera de alcanzar un trabajo estable y mejor considerado. Según la EPA el paro en menores de 25 años es del 33 por ciento, es el sector más afectado en esta crisis según los expertos y un dato dramático que golpea especialmente a nuestro país. De hecho, es uno de sus mayores problemas y debería ser una cuestión urgente de solución, ya que pese a su formación el paro es otra pandemia que pone en riesgo su estabilidad social, por no hablar de sus ilusiones, si aún podemos recordarlas. Al hablar con ellos se es consciente de que ante esta nube negra que les amenaza, su fuerza se debilita después de que les hayamos inculcado que la educación podría ser el camino para su proyección. Sin embargo asisten con estupor a una oferta laboral donde, si la hay, los títulos ni los masters ni los idiomas apenas cuentan en un mercado agonizante o se les dice que se sigan formando, ¿más? o que aporten experiencia ¿de dónde? Digo yo que será el momento de hacer algo para que puedan salir de casa, emanciparse y vivir su vida.

No entraré a debatir las causas de este problema, que lo dejo a los expertos, pero no parece razonable que en muchas ocasiones cuenten con más competencias de las exigidas para un trabajo, parece que la sociedad está por no aprovechar su potencial ni la posibilidad de mejora de la productividad, que sería posible si estos jóvenes tuviesen oportunidades. No podemos ni debemos permanecer impasibles, no lo hicieron nuestros padres con nosotros, debemos aportar soluciones políticas y sociales para esta lacra, ya que la destrucción de puestos de trabajo que ya se manifestaba antes en ellos, a causa de la crisis del coronavirus se ha recrudecido y uno de cada seis en el mundo ha perdido su trabajo. Sus consecuencias van a ser muy dolorosas para su generación. Cerrar los ojos ante las dificultades que enfrentan los jóvenes conlleva desigualdad y debacle de una sociedad próspera, habrá que enfrentarlo con implementación de medidas que intenten resolver el problema desde su raíz. No deberíamos defraudarles, son nuestra esperanza de un mundo mejor.


Teresa Ferrer Gimeno

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