Juego de cartas
Actualizado el 25/07/2020 a las 09:18
No se me ocurre mejor título para describir de forma gráfica esa corriente tan de moda hoy en día: el positivismo. Ese positivismo "lógico" más propio del Círculo de Viena. Ese positivismo lógico nacido en Austria a principios del siglo pasado como cuna y prolongación directa del machismo. Ese positivismo tan presente durante la pandemia entre la pedagogía hacia los más jóvenes, en forma de "esto lo vamos a olvidar" o "aprobado general", entre otros. Ese titánico esfuerzo por excluir cualquier contenido objetivo de las nociones y juicios científicos. Esa asimilación de las leyes y formas de la lógica a las reglas arbitrarias, más propias de un juego de cartas. En su afán por prescindir del hecho de que la moral constituye una forma específica de las relaciones sociales y de la conciencia, fomentando un larga lista de conclusiones nihilistas acerca de la moral. Un peligroso juego de cartas orquestado desde arriba y legitimado también por prestigiosos profesionales de la salud. Siempre anclados a poderosos amarres positivistas. Si bien el pensamiento estoico de Epicteto sirvió de punto de inspiración a Ellis en la formulación de su terapia racional emotiva conductual con aquella famosa aseveración: "Los hombres no se perturban por las cosas sino por cómo se las toman", ataviada de ropajes evolucionistas, viene a significar, así, sin anestesia, "de positivismo también se muere". Y no pretendo ser fatalista... solo realista. Hemos convertido la educación del principal activo de la sociedad, de los más jóvenes, en un juego de cartas. Y asistimos expectantes a la burda caída de ese castillo de naipes "como pollo sin cabeza". Ese positivismo tan arraigado en nuestra cultura nos está arrastrando, sin remedio, hacia una sociedad amoral. Una sociedad en falta. Una sociedad que ha convertido a los más jóvenes en incombustibles "niños soldado" y a sus mayores en "blanco fácil".