Ante una crisis de conocimiento
Publicado el 23/07/2020 a las 08:37
Que ningún lector espere en este artículo ninguna crítica, ni a las autoridades ni a la sociedad… ni siquiera al árbitro (ahora que ha vuelto el fútbol). Ya siento desilusionarles. Queda claro que estamos viviendo (observen que no hablo todavía en pasado) una crisis sanitaria sin precedentes. La diferencia de casi treinta mil personas fallecidas este año en España en comparación con la media estadística de esta década es aplastante. No nos debe importar si el diagnóstico oficial dicta que fue por Covid-19 o no, ya que lo cierto es que han sido treinta mil personas, con nombres y apellidos, que estadísticamente no les tocaba morir esta primavera. Pero hoy me gustaría que reflexionásemos juntos sobre otro cambio profundo y de consecuencias importantes: una crisis de conocimiento. Todo el mundo cree que sabe todo de todo y realmente nadie sabe nada de nada.
Partimos sobre la base de que la Comunidad Científica desconoce el comportamiento del virus y todavía no ha descubierto su cura. Y esto al resto de mortales nos genera inquietud, pánico. No estamos preparados ante un “lo siento, no lo sé”, por lo que nos ponemos a buscar personas sobre las que podamos, mejor dicho, queramos confiar. Qué importa si saben, lo importante es que nos respondan. A ser posible, que nos respondan rápido y con firmeza, nada de frases dubitativas. No podemos esperar. Necesitamos un sí o un no. Venga, rápido. Venga… bah, vamos a preguntarle a otro. Es entonces cuando surgen personas, sin ninguna mala intención, que en cuestión de minutos se convierten en “expertos” de un determinado tema. Hace unos días recibí un vídeo por Whatsapp de una persona vestida con ropa de sanitario (no supe identificar si era un médico o un bedel) explicando cómo debía ajustarse una mascarilla quirúrgica. Tenía cara de buena gente y se expresó con mucha claridad… ¡ya habíamos encontrado a nuestro “experto del día”!
Solo era cuestión de horas para que ese vídeo fuese viral. A mí me llegó por dos caminos distintos. Debido a mi profesión, me puse a investigar si realmente esa era la forma correcta de ajustar una mascarilla. Tengo que decir que no encontré nada al respecto, ni en las instrucciones de varios fabricantes ni en la norma europea que regula estas mascarillas. Tampoco digo que estuviese mal. De igual modo, en ningún sitio aparece que para evitar el empañamiento de una gafa se puede utilizar la propia saliva de uno o, más acorde a estos tiempos de pandemia, frotarla con una pastilla de jabón. Doy fe que funciona. Pues bien, estimado lector, le animo a que en esta “crisis de conocimiento” no trate de buscar la respuesta más rápida del “experto del día”, no espere parado a que le digan qué debe hacer. Porque, por si todavía no se ha dado cuenta, aquellos a los que ha calificado de “expertos” no tenemos ni idea. Tome la iniciativa e imponga el sentido común… ¿realmente es necesario que un “experto” publique en el Boletín Oficial del Estado una norma exigiendo el uso de mascarillas en los supermercados para que usted y yo nos pongamos esas mascarillas cuando hacemos la compra? Si ya sabe que eso es bueno porque después de meses ya ha entendido que puede contagiar con sus secreciones las estanterías de alimentos, ¿por qué no lo hace? ¿Es porque no se lo ha dicho nadie? Pues mire, se lo pongo fácil, ya se lo digo yo, un “no-experto”.
Eloy Jáuregui Martín, Ingeniero Industrial.