¿Somos un país de cíclopes?

Domingo Urtasun|

Publicado el 15/07/2020 a las 08:10

Uno de los recuerdos inolvidables que guardo en la memoria de los primeros años como estudiante de bachillerato lo grabó en mi mente la traducción del latín al español de las leyendas fantásticas sobre los cíclopes. La mitología describe a los cíclopes como una raza de gigantes, con un solo ojo fulgurante en medio de la frente. Según estos relatos mitológicos se creía que los cíclopes eran hijos del cielo y de la tierra. Como dueños del relámpago y del trueno fabricaban rayos para Júpiter en la fragua de Vulcano, bajo el monte Etna. Polifemo, que fue quien gozó de mayor fama entre ellos, se enamoró de la ninfa Galatea, aunque nunca logró que ésta le correspondiera.

Recordando a Polifemo y los gigantes de su raza, pareciera que España se ha convertido en un país de cíclopes, con la particularidad de que a unos se les ha desplazado el ojo hacia el lado izquierdo de su frente, y a otros, hacia el lado derecho. A quienes su único ojo de cíclope se les ha desviado hacia el lado izquierdo todo cuanto acontece lo miran “color de rosa”. Basta escuchar con atención los “sermones” que con tanto autobombo y melosa satisfacción nos viene ofreciendo, en este tiempo de pandemia, el señor Presidente de la nación, con la vana pretensión de hacernos creer que vivimos en el país de las maravillas.

Por otro lado, quienes miran con el ojo corrido hacia su lado derecho están convencidos de que es el mismo diablo en persona quien inspira los pensamientos y acciones de quienes ostentan el poder y toman las decisiones equivocadas que conducen a nuestra sociedad directamente hacia el abismo. Mirando con un solo ojo, corrido hacia uno de los lados, es muy difícil ver la realidad sin distorsionarla. Como en la parábola del Evangelio, en toda sociedad crecen, a un tiempo, el trigo y la cizaña. Es preciso hacer un buen discernimiento de la realidad que estamos viviendo sin apasionamiento, con ecuanimidad para no caer en el maniqueísmo. En este sentido es altamente ilustrativo lo que está aconteciendo en el deporte nacional por excelencia, desde que se ha reanudado la liga del fútbol. Nos estamos refiriendo a los lances del juego que en cada jornada concierne a los dos equipos de campanillas como son el Barcelona y el Real Madrid. Mientras, por un lado, los “culés” ven decisiones escandalosas por parte de los árbitros que favorecen claramente al Madrid, los “merengues”, en cambio, se lamentan de que no se haya castigado con la expulsión dos acciones del mejor jugador del mundo que, por supuesto, forma parte del equipo de Barcelona.

El Gobierno y la Oposición han pasado este tiempo de pandemia lanzándose insultos y amenazas mutuas enzarzados en violentas reyertas dialécticas. Con palabras cargadas, a veces, de odio y calculada alevosía han hecho del Parlamento un patio de monipodio, donde la descalificación y la grosería han tenido su mejor asiento. La mala costumbre de absolutizar las ideas y los acontecimientos conducen al ser humano, con mucha frecuencia, a posturas maniqueas que tornan difícil la convivencia y obstaculizan, en gran medida, la buena marcha hacia el progreso y bienestar de la sociedad. Vale la pena recordar aquí los versos de Ramón de Campoamor: “En este mundo traidor / nada hay verdad ni mentira: / todo es según el color / del cristal con que se mira”. No cabe duda de que estos versos inspirados del poeta asturiano suponen una bella y acertada manera de expresar que ningún valor es absoluto, ni contiene toda la verdad. A la luz de estas palabras tan acertadas de Campoamor sería bueno preguntarse: ¿De qué color es el cristal con el que miramos en nuestro entorno y juzgamos a las personas, sus ideas y los sucesos que acontecen en la sociedad? ¿Vivimos los españoles coqueteando con el maniqueísmo? Aunque nos duela y cueste aceptarlo: ¿somos un país de cíclopes?


Domingo Urtasun, sacerdote y periodista.

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