Carácter
Actualizado el 10/06/2020 a las 16:02
La Presidencia del Gobierno paga bien a sus empleados aunque acaban con frecuencia relegados a la indiferencia de la población, y su labor, rebatida, a veces, incluso por los suyos. En el caso de Pedro Sánchez, su actitud, no sé si innata o adquirida, pero decididamente apocada ante el atril, crea recelo sobre su entereza política y sobre si su lucha por la presidencia hubiera sido tan intensa de conocer que tendría que batirse con esta pandemia o hubiera renunciado definitivamente en pro de su profesión de economista, en contraposición con la seguridad que da saber que la mayoría de los sanitarios habrían renunciado a cualquier excedencia que les permitiera haberla pasado confinados en casa, lo que parece avanzar que la política continuará planteando dudas de por vida y la sanidad, ofreciendo respuestas. Quizá, si hubiéramos parado a tiempo de fabricar armamento para atacarnos, hoy tendríamos vacunas para defendernos pero, como somos navegantes temerarios, nos embarcamos en guerras cruentas y eternas entre nosotros aún suponiéndosenos la capacidad de negociar con la razón, pero, sin embargo, controlamos rápido un virus que no negocia por que no razona. Al final será verdad que nos pierde la boca.
