De cacas y peces
Publicado el 07/06/2020 a las 09:13
No es muy difícil conectar las neuronas cerebrales y llegar a conclusiones evidentes para cualquier persona normal. Me refiero a las que alcanzo al leer en páginas contiguas del periódico estos dos titulares: “Pisar heces no da suerte” y “Matan a palos a cinco peces de la Media Luna el pasado fin de semana”. Resulta evidente preguntarse si la propuesta que estudia el Ayuntamiento de Pamplona que trata de crear un censo de ADN para desvelar a qué humano pertenece el perro cuyas heces aparecen abandonadas en calles y jardines, incluye también un censo de los vándalos (de nuevo humanos) que son capaces de realizar semejante brutalidad para celebrar una noche de farra. Soy vecina del Segundo Ensanche a lo largo de casi toda mi vida. He crecido en ese maravilloso parque y esos peces han hecho mis delicias y las de todos los niños y adultos que conozco. Gracias a mi perro he disfrutado del regalo que me han proporcionado los paseos por este lugar en la última primavera. El silencio y la práctica ausencia de gente me ha permitido ver cómo la naturaleza campa a sus anchas y se apodera de la ciudad en toda su esplendorosa hermosura. Ha sido verdaderamente un espectáculo que solo algunos y gracias precisamente a nuestros fieles compañeros, hemos podido disfrutar en estos momentos a la vez tan terriblemente difíciles para todos. Pero también en este mismo barrio he sido víctima del vandalismo de algunos. En el plazo de un año, han arrancado de cuajo consecutivamente y por dos veces, sendos espejos retrovisores de mi coche, y hace pocos días encontré mi vehículo con un golpe en la puerta que, por supuesto, no desvelaba su autoría y que supuso un elevado coste de reparación.
Insisto en decir que no existe animal que pueda alcanzar las cotas de salvajismo de nuestros congéneres. Preocupémonos de las cacas, sí, pero también de aquellos seres que llamándose humanos son capaces de producir tamañas tropelías solo por diversión.
Virginia Martínez-Peñuela Vírseda
