Solidaridad en tiempos de pandemia

Myriam Gómez-García, gerente Fundación Gizakia Herritar/Paris365.|

Actualizado el 04/06/2020 a las 08:16

En estos tiempos tan convulsos e inciertos, donde se ha puesto de manifiesto de una forma descarnada nuestra vulnerabilidad como especie y donde nuestro ecosistema está mostrando gran parte de sus debilidades, tengo la enorme suerte de haber vivido encuentros que se han convertido en archipiélagos de certezas en este océano de incertidumbres (Edgar Morin). Me he encontrado con personas que, a pesar de su vulnerabilidad y sufrimiento, son capaces de ver más allá de ellas mismas y entienden que si no trascienden su situación individual no sobreviviremos. El otro día acudió un señor, colaborador habitual de la Fundación, a realizar una donación. Este acto, en la época de la mal llamada “antigua normalidad”, entraría en la categoría de cotidianidad. Sin embargo, hoy es un acto extraordinario ya que este señor, hasta ahora anónimo para mí, había estado hospitalizado 50 días por coronavirus y su mujer había fallecido a consecuencia de la COVID-19. Esta persona, a pesar de sus enormes pérdidas vitales, quería seguir participando en mejorar la situación de aquellos seres humanos a los que esta pandemia ha pillado en el lado de los que no tienen nada o poco que perder, a excepción de la vida. Otra micro-historia solidaria ha sido la de aquellas personas en situación de ERTE que han ofrecido a la Fundación sus conocimientos y experiencia, y que voluntariamente han estado colaborando para así poder garantizar la elaboración y reparto de los menús diarios que se han estado sirviendo. Estas personas han trascendido su situación de incertidumbre y precariedad laboral para centrarse en minimizar la precariedad alimentaria de otros individuos.


La siguiente micro-historia es la de una señora que se paró a hablar conmigo cuando estábamos recibiendo una gran donación procedente de una importante empresa. Esta mujer me preguntó de qué manera podría ella aportar. Tras explicarle el cómo y el qué podía donar, se emocionó y se despidió diciéndome que se marchaba para llevar la comida que le había preparado a su hijo, porque estaba en ERTE. Esta señora ha trascendido su situación familiar para interesarse sobre cómo podía participar en cubrir las necesidades alimentarias de otras familias. Una micro-historia más es la de un grupo de moteros que han decidido que el disfrute de su pasión (viajar en moto) no se quede exclusivamente en un divertimento particular, trascendiéndolo y colaborando en que otras personas puedan disfrutar al no tener la preocupación permanente sobre cómo se van a alimentar hoy. ¿Y por qué he seleccionado estas micro-historias? Podría haber optado por alguna de las múltiples historias de rabia, de enfado, de frustración, de hiper-criticismo, de desesperanza,… que todas y todos tenemos alrededor, especialmente en estos días. Sin embargo, en este caso, esta narradora ha elegido otro tipo de relatos. Pequeños grandes relatos que ponen en valor la solidaridad, la ayuda entre iguales y la compasión, entendida esta última como el sentimiento humano que se manifiesta desde el contacto y la comprensión del sufrimiento de otro ser. Es la percepción y la compenetración en el sufrimiento de la otra persona, y el deseo y la acción de aliviar, reducir o eliminar por completo tal situación dolorosa. Y es que, de las pandemias (y de las crisis en general), también se sale a través de los estados de ánimo y de los micro-comportamientos.

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