Impuesto a las Grandes Fortunas: Un grave error
Publicado el 25/05/2020 a las 14:07
El cobro de impuestos y, en concreto, la tributación sobre el ahorro, el patrimonio o la riqueza presenta una intrínseca condición coercitiva, hasta el punto de convertirse en un mero y simple robo, cuya aplicación, además, conlleva consecuencias muy negativas.Esto, y no otra cosa, es el actual Impuesto de Patrimonio en España y lo mismo, o peor, será el futuro impuesto sobre la riqueza que pretende aprobar Podemos con el visto bueno del PSOE.Los supuestos ingresos que generaría este tributo son absolutamente irreales: 11.000 millones de euros. Hoy por hoy, el Impuesto de Patrimonio apenas recauda 1.350 millones de euros en España, cifra equivalente al 0,1% del PIB, y su récord histórico lo alcanzó en 2008, en el pico de la burbuja inmobiliaria, con cerca de 2.300 millones, el 0,2% del PIB. Por tanto, pretenden multiplicar por diez la recaudación.Como consecuencia, la entrada en vigor de esta tasa no solo incentivaría la fuga de capitales, sino que elevaría el fraude fiscal, al tiempo que dificultaría la llegada de inversión exterior en un momento en el que España necesita con urgencia impulsar la actividad económica para salir cuanto antes del profundo agujero que ha dejado tras de sí la crisis del coronavirus. Valga como ejemplo el caso de la Comunidad de Madrid, donde el Impuesto de Donaciones está bonificado al 99%, ya que antes de dicha rebaja apenas se registraban 4.000 donaciones al año, mientras que ahora se contabilizan más de 46.000, habiendo aumentado en más de un 50% la recaudación obtenida.Si tributar dos o tres veces por lo mismo, tal y como sucede con toda la imposición sobre el ahorro, ya es una aberración per se, pagar por el mero hecho de acumular y mantener un patrimonio, sea este mayor o menor, sin tener en cuenta la existencia o no de ganancias, constituye un atraco a mano armada, un clamoroso expolio.Con tales mimbres, no es de extrañar que el impuesto sobre la riqueza sea una especie en extinción a nivel mundial, siendo España el único país de la UE que, incomprensiblemente, lo mantiene vivo. Si se penaliza la generación de riqueza, se obtendrá menos riqueza o, lo que es lo mismo, pobreza, y eso es justo lo que acaba produciendo, siempre y en todo lugar, una mayor presión fiscal.En definitiva, el impuesto que propone Podemos no existe —ni remotamente— en ninguna parte del mundo. La inmensa mayoría de países europeos ni siquiera disponen de un impuesto sobre el patrimonio, y los pocos que lo han incorporado a su sistema fiscal lo han hecho con unos tipos impositivos mucho más bajos, para el conjunto de la población y como reemplazo a otras figuras impositivas. No nos convirtamos en un (mayor) infierno fiscal para el ahorro.