Reflexión sobre sentimientos en cuarentena
Actualizado el 21/05/2020 a las 08:27
Durante esta cuarentena he tenido la oportunidad de explorarme y autoanalizarme en muchos campos. Muchas cosas han cambiado para todos. Antes de todo esto, mi rutina era levantarme para ir a trabajar y cuando llegaba a casa ponerme a trabajar en mi segunda carrera. Lidiar con el estrés para gestionar eficientemente mi tiempo. Hoy es la primera vez en mi vida que forzosamente la naturaleza me obliga a parar y a sentir. Tanto he sentido que, durante estos días, me he flechado emocionalmente por un chico que vive a 18km de Barcelona. ¿Es posible? ¿Será que el ritmo de vida que llevamos no nos deja espacio para sentir y liberar nuestro corazón? En este mundo hemos olvidado que la sencillez tiene un color especial. Palabras que enamoran, voces que ilusionan, miradas que hipnotizan y olores que evocan ser feliz. Resulta curioso, y paradójico, que encerrados hemos comprobado lo frágiles que somos al sentir cuando siempre nos llenamos la boca, con copa de vino o cerveza en mano, hablando racionalmente de los sentimientos pensando lo bien que los gestionamos. No es fácil sentir, y menos mirarse al espejo y sincerarse con uno mismo. ¿Dónde ha quedado el amor por lo sencillo y nos ha corrompido la avaricia, ambición y egoísmo? Hemos perdido el control sobre nosotros mismos. No somos capaces de encontrar momentos para nosotros mismos sin que esté presente el consumismo, las apariencias y el reloj. Con todo lo anterior, la pandemia tendrá muchas consecuencias, pero estoy convencida que la más positiva será: empezar a dar valor real de las personas y la calidez de cada beso y abrazo. Sea de quien sea.