La empatía no tiene edad
Publicado el 16/05/2020 a las 09:18
Tengo 31 años. Desgraciadamente, ya no me quedan abuelos ni abuelas vivas pero, afortunadamente, me queda algo de empatía. La que ellos y ellas me enseñaron. Cada día observo la invisibilidad de un sector de la población, nuestras personas mayores. Las excluimos, las ignoramos, las consideramos inútiles y las tratamos, con demasiada frecuencia, como si ya no valieran. Como si fueran un cero a la izquierda. A quienes somos jóvenes y a quienes ya no lo son tanto (aunque ahora hasta los 60 uno se puede considerar joven) les diría: pensad que el día de mañana no nos gustaría que nos olvidaran. Que nos trataran como si fuéramos una planta, que ni siente ni padece. En cambio, querríamos que se velara por nuestra seguridad, nuestra salud, nuestro bienestar. Y, en definitiva, que nos sintiéramos parte de la sociedad. Si no es así, no tendremos legitimidad alguna para reclamar esa atención para nosotros en el futuro, porque nosotros no se la habremos brindado ahora a nuestros mayores.
Miguel Ezcurdia Purroy