La revolución de los vecinos de Ripagaina
Publicado el 13/05/2020 a las 07:53
Los vecinos de la calle Madrid de Ripagaina se han volcado en defenderse de una situación que se suele dar cuándo compras un piso y que, cuándo te ocurre, provoca una desilusión y una rabia espantosa: una parcela que, cuando iban a comprar el piso era dotacional para gobierno de Navarra y que suponía una altura tope de construcción de 3 pisos, ahora es una parcela residencial dotacional que les pretende obligar a dejar que se construyan bloques de 6 alturas (querían uno de 9 pero ese, gracias a Dios, han conseguido que lo echen para atrás). Al ser la parcela con pendiente, los vecinos del 6º -por ejemplo- pierden todas las vistas desde su edificio. No es algo que me hayan contado; acompañé a mi hermana en casi todas las visitas que hizo a la constructora en el proceso de compra y una vez finalizado y siempre fue ese el destino que se decía que iba a tener la parcela.
Esto llevó a que hiciesen quedadas en las que las obras de limpieza de la parcela -la de enfrente del edificio por la parte de atrás- eran su forma de protesta (en alguna he estado) y no sólo hacen cosas así; cuándo terminan con el trabajo y gracias a la labor de muchos vecinos, se entretienen con un piscolabis que hace que el vecindario se entienda y se haya hecho fuerte ante la adversidad. ¿Y qué ha pasado con este grupo de vecinos - numeroso- que hacía esto? Que han mejorado durante el confinamiento su infraestructura para homenajear a los sanitarios y a todas aquellas personas que están dedicando su tiempo y su vida a ayudar a que los demás pasemos de puntillas por esta pandemia.
Y se ha producido la revolución de los vecinos de Ripagaina. Creo que no me equivoco al decir que empezaron, sobre todo, los vecinos de la calle Madrid pero a ellos se les han unido muchos vecinos de este término. Enfrente de mi casa, en un edificio de color gris en una ventana colgaron un corazón enorme con luces de navidad, además de dar mucha caña a la hora de los aplausos. Y gracias a este vecino, los edificios de al lado han hecho lo propio (unos con mucho acierto; otros con poco por mezclar temas políticos en actos así). Pero todos a una.
Y ver el espectáculo que diariamente montan es un placer. Empiezan como todos a las 8 de la tarde pero en vez de retirarse a los 5-10 minutos, se quedan haciendo una fiesta que causa la envidia de los que estamos enfrente. Se tiran, por lo menos, hasta las 9 o casi 10 poniendo música, bailando en esas magníficas terrazas que tienen, poniendo imágenes en los edificios de enfrente para que veamos a qué personas estamos rindiendo homenaje, aprovechan para felicitar a algún vecino que, encerrado y sólo, se le puede alegrar el día de su cumpleaños. Vamos un verdadero ejemplo de solidaridad y de buen vecindario que espero que se mantenga en los años venideros. Mientras tanto: gracias, gracias y miles de gracias por alegrar el confinamiento a muchos de nosotros. Y por supuesto un agradecimiento total a todos los que procuran que nuestra salud y nuestra vida sea lo más cómoda posible en una situación así.