Gracias Nayib Bukele
Actualizado el 14/05/2020 a las 10:30
Nací en el Salvador (1996) y crecí en España desde los 3 años, mis padres emigraron con la esperanza de ofrecerme una mejor vida. Mi país es conocido como uno de los más peligrosos del mundo, para que os hagáis una idea mi tío fue asesinado en el portal de su propia casa, apenas le recuerdo. Murió cuando yo solo tenía 2 años; mi padre fue a denunciarlo y las autoridades de aquel entonces no le hicieron caso, una muerte más, en un país donde las muertes por maras que infunden su violencia son diarias y es prácticamente el “pan de cada día”. Cuando empezó el Covid-19 y me di cuenta de cómo está afectando a España y toda nuestra población, no pude evitar pensar en mi país, donde vive casi toda mi familia. Me perturbaba la idea de todo lo que estaba pasando aquí, pudiendo ser solo una pequeña escala de lo que estaría siendo allí. Lo que supondría esta enfermedad en el país en que yo nací, problemas de delincuencia, un sistema de sanidad inferior y con limitaciones económicas. Sin embargo, después de ver la comparecencia de Nayib Bukele, presidente de El Salvador, con las medidas que iba a tomar contra el Covid-19 respiré aliviada, tomó medidas pensando en el beneficio de su población (suspender el pago de luz y el agua por tres meses, suspender alquileres durante tres meses, y proporcionar ayudas para las personas más afectadas por la pandemia, entre muchas otras). He leído artículos y he visto videos que relatan la nueva realidad de las cárceles en El Salvador, y me alegra tener por primera vez a alguien con voz en la presidencia, a alguien que lucha en contra del verdadero enemigo. Dejando atrás gobiernos que protegían el crimen organizado mediante negociaciones, gracias a las cuales se lucraban de la situación del país en beneficio propio (maras y crimen organizado) en vez de proteger los derechos de sus ciudadanos. Creo que el nuevo gobierno toma las medidas necesarias contra personas que no le temen a nada, salvo a que el pueblo recupere la voz que ellos mismos les han arrebatado, a base de imponer miedo, miedo por su vida, sus familias, sus trabajos. ¿Las medidas son duras? Sí, pero están a la altura de las personas que organizan el crimen y crean inestabilidad en su propio país. Parece que el gobierno despierta por fin de su silencio que no beneficia a quitar derechos a sus ciudadanos, sino a devolvérselos.