Gracias, comunicadores
Publicado el 13/05/2020 a las 23:53
Personal sanitario: médicos, enfermeros, celadores, auxiliares, farmacéuticos, administración. Limpiadoras. Trabajadores de supermercados: cajeras, reponedores, personal de logística y almacén. Fuerzas y cuerpos de seguridad del estado: policía nacional, cuerpos regionales y municipales. Cuerpo de bomberos. Eslabones de la cadena de distribución. Gestores, personal informático de la Administración Pública. Todos necesarios. Todos en primera línea de batalla, destinatarios de aplausos diarios. Esenciales en un momento en el que reconocer tu propia imprescindibilidad implica vivir con miedo, expuesto a un virus del que la única forma de protegerse es distanciarse de todo y todos. Pero hay un gran olvidado, huérfano de aplausos, exento de vítores, bastante poco valorado, en esta cuarentena que ha colocado en el primer plano del escrutinio público a los profesionales esenciales. Se nos olvida con demasiada frecuencia, quizá porque lo percibimos como algo normal, cotidiano, que siempre ha estado y nunca faltará, el valor de la comunicación en todas sus facetas. Periodistas ‒olvidemos, en este momento, a aquellos profesionales que no deberían llamarse de esta manera ya medien todos los títulos universitarios posibles‒, productores, directores, regidores, presentadores, colaboradores, tertulianos, operadores de cámara, maquinistas, auxiliares, realizadores, sonidistas, iluminadores, directores de arte y fotografía, investigadores, documentalistas, redactores, guionistas; comunicadores todos, en primera línea de una batalla difícil de afrontar sin una ventana al mundo exterior, sin información, sin entretenimiento, sin compañía lejana más cercana que nunca. Los aplausos acabarán algún día, es natural. De hecho, ya se están consumiendo en el cansancio propio del transcurrir de los días, en el hastío generalizado. Pero, si siguen haciendo aparición vecinal a las 20:00, aprovechen algún día para dirigir su gratitud hacia esos profesionales que no les han abandonado. Que les han transmitido la última hora, les han informado, les han evadido de la terrible realidad. Que les han dibujado una ventana para asomarse al mundo exterior desde el hermetismo de sus hogares. Que les han hecho reír y olvidarse, por un momento, de la pesadilla coronada. Que los han acompañado. Acompañémoslos ahora nosotros a ellos. Desde aquí, gracias. Muchas gracias.