Entre cuatro paredes
Publicado el 07/05/2020 a las 08:33
Cuando acabe la pesadilla y volvamos a sonreír, cuando busquemos los abrazos perdidos, cuando salgamos de este tenebroso túnel… Hay quien cree que todo será distinto, que todos seremos diferentes, que todos seremos más humanos.
Tiempo para soñar, en el mejor de los casos, y para disfrutar de la familia y del hogar; aunque, por otra parte, hay gente enferma, cansada y sola, gente con problemas emocionales, gente con problemas económicos; hay situaciones, a veces, insostenibles e inimaginables, que en el confinamiento, deben de convertirse en verdaderos infiernos. Hay mucha gente que necesita nuestro apoyo y nuestra empatía. Hemos perdido en pocos días la confianza que teníamos en la sanidad (que no en los sanitarios), nos sentimos más inseguros y hemos perdido la libertad.
Pero, sobre todo, hemos perdido a muchos seres queridos por el camino. Casi nada. Seres queridos que no han contado ni con la despedida que se merecían, prácticamente en soledad. Ante esta situación insólita, más propia de la ficción que de la realidad. Yo creo que no sabemos todavía cómo vamos a reaccionar a la vuelta a eso que antes llamaríamos “normalidad”. Es lo que hay. De repente, se nos ha caído el cielo encima y nos ha recordado que nuestras vidas son proyectos edulcorados de “vanitas vanitatis” y que con frecuencia magnificamos lo superfluo.
Y cada uno tiene que desarrollar el ingenio para que la vida aflore sobre un mar tedioso. Tal vez tengamos que seguir a Cortázar y escribir las ‘Instrucciones para andar por casa’, o imitar al ultrafondista Abad, haciendo un maratón dentro del castillo de Olite. Días para despertar la imaginación, esperando nuestra ansiada libertad. Que está más cerca y llegará, claro. Principalmente quiero recordar a aquellos que han sufrido y están sufriendo los avatares de esta galerna vírica. Para ellos mi ánimo, ya que el que resiste, vence. Y nunca hay que bajar los brazos. Venceremos.