El duelo
Actualizado el 15/04/2020 a las 08:28
Disculpen que no recuerde cuántas personas murieron a manos de asesinos de ETA, o de otros asesinos. Disculpen que no recuerde cuántas murieron en el atentado del 11M o en las carreteras, o enfermas de cáncer, o cuántos niños han sido asesinados antes de nacer. Perdónenme, no recuerdo el número exacto. Pero sí que recuerdo el dolor de ver en televisión o en los periódicos las imágenes de esas muertes. Recuerdo el dolor atroz y desgarrador que atravesó mi adolescente corazón cuando veía los muertos de la casa cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, o del Hipercor de Barcelona o a Irene Villa o a Miguel Ángel Blanco.
Tampoco puedo olvidar las vías de los trenes de Madrid llenos de cadáveres el 11 de marzo de 2004. ¡Cuántas lágrimas no habrán derramado los españoles con estas imágenes que llenaban portadas y portadas de periódicos y televisiones!
Aunque, tristemente, recuerdo perfectamente el número de muertos por Coronavid-19 en el momento en que estoy escribiendo. 18.056 personas en toda España y 249 en Navarra. ¿Por qué, señores del Gobierno y periodistas, nos muestran sólo los números de personas fallecidas, como si sólo fueran estadísticas y no nos muestran ahora las imágenes de los muertos? El ser humano necesita vivir el duelo de sus muertos. ¿Cómo lo vamos a hacer sin estar delante del ataúd? Necesita rezar a su dios por los fallecidos (hasta eso nos lo impiden: han mandado cerrar Iglesias, no dejando que se celebre misa, a pesar de estar respetando sus propias normas). Necesitamos ver lo que está pasando, necesitamos ver los féretros, llorar con los familiares de los difuntos. “¡Miguel Ángel somos todos!” -gritábamos en 1997. No es que me guste lo morboso, no, para nada. Estas 18.056 personas son también familiares nuestros, todos son nuestros abuelos. Nuestro deber es acompañar a las personas que sufren y no hacer como si sólo fueran una estadística, un número. ¿En qué se diferencian estos muertos de los anteriormente citados? Espero que no sea la edad, ni la cantidad, o cualquier otra razón, porque entonces, señores, tienen mi total desprecio.