Los últimos
Actualizado el 06/04/2020 a las 07:53
Para todos está siendo lo del encierro una situación un tanto complicada. Para unos más que para otros. Será que no me toca de cerca lo de explicarle a un crío pequeño que no puede salir de casa e inventarme cien juegos al día para entretenerlo. Pero tengo dos críos grandes de más de ochenta años a los que sí me ha tocado explicarles cosas sobre Wuhan, sobre una corona, la inmunología, el sistema sanitario español e incluso el americano y que todos tenemos que hacer el esfuerzo de quedarnos en casa. Una vez dentro de casa esa generación no tiene Netflix, HBO o Filmin para devorar una serie o una película detrás de otra. Con suerte leen algún libro, se entretienen poniendo números en cuadraditos o tienen un móvil con videollamada por la que ver las caras -si se aclaran con las teclas- de sus hijos y nietos. Tienen televisión. Es verdad. Ésa que se regodea una y mil veces en contar los muertos diarios. Que no sé por qué tenemos que añadir la edad como coletilla a los muertos. Ésa televisión que se centra en informar sobre la ratonera en que se han convertido las residencias de ancianos que llaman a sus hijos -los hijos de sus amigos, los pocos que les quedan- para que decidan si quieren llevarse a sus familiares a sus casas. Los periódicos les recuerdan -antes de llegar a las páginas de esquelas- cada día la situación de las UCIS e incluso la posibilidad de que elijan salvar a alguien más joven si se diera el caso y no llegarán los benditos respiradores turcos. Intentas desviar las conversaciones, intentas convencerles de que sólo hay que ponerse metas cortas. Pero cuando nos ponen un poco de color en el horizonte, cuando nos dicen que se podrá ir saliendo poco a poco, es a ellos otra vez a quien se les echa un jarro de agua fría insinuando que ellos serán los últimos. Los últimos son los que no tienen demasiado tiempo por delante para generar nuevos recuerdos y compensar éstos. Y yo veo cómo día a día se encogen un poco más. Yo, desde luego, lo tengo claro y les cedo mi turno para salir a la calle. Cuando llegue el día, que salgan ellos antes que yo.
