Sentirse inútil en esta guerra

Javier M. Elizondo Osés|

Publicado el 05/04/2020 a las 08:31

Me siento un inútil. No se me enfade nadie. Es un pensamiento totalmente particular. Me siento así porque terminada mi jornada por teletrabajo y viendo las continuas noticias que se trasladan por los medios de comunicación, observo la creciente ola de contagios y el triste reguero de muertes que lleva parejo. Tristeza que, ni me puedo llegar a imaginar (y menos poder ponerme en su lugar) tendrán las familias afectadas, cuando ni siquiera pueden acompañar a los contagiados, por un lado, ni compartir sus últimos momentos, ni poder darles un adiós adecuado. Más inútil todavía cuando veo a tantos y tantos profesionales sanitarios en todo el abanico de esa labor (y voluntarios, incluidos jubilados que retoman su actividad anterior a pesar del riesgo aumentado que les supone su edad) contagiándose en un número que me produce escalofríos y, por qué no decirlo, vergüenza (por usar un término suave y para no abundar en cuestiones que ahora no conducen a nada, de las cuales, pasado este vendaval, se tendrán que dar las oportunas explicaciones creíbles y asumir responsabilidades). Por supuesto, sin olvidar a todo el resto de profesionales de cualquiera de los ámbitos que tienen que funcionar para que el resto podamos tener resuelto todo lo que necesitemos. Léase personas trabajadoras de la alimentación -producción o distribución- en cualquier peldaño, transportistas y repartidores por cualquier medio y un largo etcétera que todos tenemos en mente cuando aplaudimos desde la “fortaleza” de nuestras ventanas y balcones. También los cuerpos de Bomberos y, por supuesto, esas Policías variadas y otros Cuerpos de Seguridad del estado, junto con el ejército (UME en su punta visible), tantas veces denostados por tantas personas que, ahora, se cuidan mucho de salir a expresar lo que expresaban (aunque siempre hay algunas personas, “sordas de cerebro”, que conforman un grupúsculo social variado, de los cuales convendrá tomar nota para, el día después, pedir responsabilidades, aunque dudo que se haga, en aras de una libertad de expresión, cuyo concepto mancillan abierta y continuamente). Y es por todos aquellos que he nombrado en el lado positivo, por lo que me siento un inútil, ya que no puedo hacer otra cosa que refugiarme en mis entretenimientos, para pasar el resto de cada uno de mis días en confinamiento. Y es lo que tengo que hacer, quedarme en casa. Pero entiendo que puedo hacer otras cosas, ayudando a esos colectivos en lo que sea menester, siempre y cuando se me permita hacerlo. Por ello, desde la seguridad de mi piso, pongo este escrito para ver si puede ser publicado, solicitando se sirvan -quienes correspondan- hacer pública también la necesidad de voluntarios para distintas tareas que puedan servir (apoyo a personas necesitadas, por cualquier circunstancia, que necesiten que se les lleven alimentos a sus domicilios, ayuda a la preparación y aprovisionamiento de comida a los centros hospitalarios, residencias, centros policiales, cuarteles, etc, desinfecciones de todo tipo, y otras muchas tareas que serán útiles), de modo que podamos ofrecernos, quienes queramos, para invertir nuestras horas fuera del trabajo (y dentro, si lo permitiese la propia empresa donde se trabaja) en ese apoyo activo. Me sentiría bastante mejor siendo útil en esta guerra. Muchas gracias por entenderlo.


Javier M. Elizondo Osés

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