Arte de trincheras
Actualizado el 06/04/2020 a las 07:51
Cierra los ojos. Imagina que eres protagonista, por una vez, de un viaje insólito a un paraje digno de las mejores leyendas, escenario de aquelarres y piratas casi a partes iguales. Cuenta la leyenda que en algún recóndito lugar, entre tu casa y la muerte, existe una larga y escarpada escalera, con una larga lista de escalones... casi tantos como tu curiosidad y hasta la mía. Y, justo al final de la escalinata, como si de una estrella de Hollywood se tratara, una huella, sobre la que posar tu pie, como augurio de buena suerte. Pero, ¿de quién será? ¿Del gobierno de Sánchez? ¿De una más que ansiada vacuna? ¿La huella de la solidaridad? Te aseguro que si decides adentrarte en esta historia, desearás con ansia cruzar al otro lado, y vislumbrar nuevos horizontes que ha tallado el ensordecedor virus, en forma de empatía, gratitud y conciencia... que dan cuenta acerca del poder del amor y la verdad. Allá en lo más alto... estaban los de arriba. Ataviados de ropajes evolucionistas, no dejaban de dar cifras y sofisticadas estadísticas que pocos se atrevían a cuestionar. Al otro lado de esa bella y escarpada escalera... los de abajo, confinados en sus casas, cumpliendo a rajatabla las directrices de los "sabios" y "entendidos" que no dudaban en informar acerca del acierto de sus decisiones, desde la distancia social. Los de abajo, acostumbrados a estos menesteres de profundas crisis y desinformación, no dudaron en meterse en su papel y cual "ciudadano ejemplar" hicieron gala de su inagotable paciencia a golpe de click. Hicieron de sus casas refugio... y de sus balcones trinchera. Y, desde allí, alumbraban con sus aplausos a los que caían. Unos les llamaban héroes, otros soldados. Y, mientras tanto, héroes o soldados, seguían sin entender el "arte de la guerra". Ellos no habían elegido ir a la guerra. Nadie les había preguntado. Ni siquiera si querían ser héroes... Y así pasaban los días con sus noches, hasta que los de abajo, cansados de ver todas las series de Netfix, pincharse a Coelho en vena y coleccionar papel higiénico por doquier, entendieron que los profesionales no necesitaban de sus aplausos, sino de su implicación. Los niños empatizaban con otros niños y se convirtieron en aliados. Y no permitieron que ningún niño tuviera que llevar un brazalete por la calle... y declararon ilegal a la "gestapo balconera" y, ¿sabes qué? Comprendieron que podían vivir sin 5G hasta el resto de sus días. Entendieron hasta que podían vivir distanciados socialmente... pero jamás sobrevivirían socialmente distanciados. Y como el derecho al olvido existe pero el olvido y la memoria no entienden de derechos, decidieron cuidar y proteger a sus héroes o soldados, cuando la guerra llegara a su fin. Y nunca más permitieron recortes en materia de sanidad pública. Así, los de abajo, recogieron a los que caían y juntos mandaron un mensaje a los de arriba. "Si no puedes ser fuerte y, sin embargo, no puedes ser débil eso resultará en tu derrota". Sun Tzu.
