En apoyo a la Residencia de ancianos Virgen del Castillo de Miranda de Arga

Rosa Castillo Chocarro (Hija de Ramón)|

Actualizado el 06/04/2020 a las 07:58

He leído con estupefacción una noticia en Diario de Navarra sobre la intervención de Gobierno de Navarra en la citada residencia, resultando en mi opinión la información, un tanto alarmante para los lectores y poco estimulante para sus trabajadores, máxime cuando dicha información proviene del presidente y por lo tanto responsable del patronato de la citada residencia que debería de mimar, tranquilizar, animar y proteger al capital humano de sus trabajadoras. Mi padre, Ramón, ha fallecido víctima del coronavirus, siendo residente. Durante el tiempo que estamos viviendo este horror de pandemia, no he observado más que buena práctica profesional en sus trabajadoras, siguiendo las pautas exigidas en cada momento, desde el aislamiento de todos los residentes, hasta su cuidado en caso de la enfermedad. De igual manera he sido testigo de desvelos e impotencia ante una enfermedad de la que lo que se conoce mayoritariamente es que se ceba especialmente con los ancianos. En una residencia pequeña, de trato familiar, en la que los residentes están juntos muchas horas al día, si el virus, indetectable hasta presentar síntomas, entra y se propaga como lo hace, es inevitable su contagio en su vulnerable población. La única arma de la que se ha podido disponer es la dura medida del aislamiento y en caso de presentación de síntomas, los tratamientos pautados por la médica de atención primaria, y los de enfermería y trabajadoras con los que la residencia ha contado. Ni que decir, que a la misma velocidad que los residentes, se han ido contagiando sus trabajadoras, aunque afortunadamente con diferentes consecuencias, y que, sumado a la presentación de síntomas, tristeza, agotamiento, el resultado es la de las bajas del personal que atiende a los ancianos. Cuando su directora ha caído de baja, la solución ha sido la “intervención” por parte de Gobierno de Navarra, para coordinar con el personal del que se dispone el funcionamiento de la casa, y, sí, sí…… digo casa, por serlo. Mi agradecimiento a todas las trabajadoras de la residencia Virgen del Castillo por su buen hacer, el trato dispensado a mi padre y por lo que he observado a todos los residentes, por la pulcritud de las instalaciones, por lo limpios que están siempre los residentes, por la excelente comida casera, y por el trato siempre cariñoso. Deseo a todas las que han resultado afectadas por la enfermedad, la pronta recuperación y a las que han seguido en activo, mi más profundo respeto y admiración por haberlo hecho en condiciones tan difíciles. Todas vosotras sois las heroínas de esta horrible película de terror. Gracias de corazón.

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