Preguntando al comerciante

Mikel Cabestrero Etxeberria (Técnico de Comercio en MKcomunicacion)|

Actualizado el 04/04/2020 a las 08:53

Cuentan los entendidos, que una de las consecuencias positivas de la crisis del COVID-19 va a ser la digitalización de empresas, hogares y de todo pichifú. Realizar ocio en nuestro propio domicilio, traerá como consecuencia un cambio en el consumo, seguro más digital, -más streaming-, y cuando pase todo esto, veremos a qué hemos dedicado nuestro tiempo de ocio en nuestras casas, aunque nos lo podemos imaginar. Las últimas crisis han tenido consecuencias en muchos aspectos, desde laboral hasta mentales, y todas ellas han cambiado los hábitos de consumo del ciudadano y la ciudadana, y siempre a peor, o por lo menos de una forma menos responsable y sostenible. Por eso, esta que estamos viviendo, deberíamos de intentar que no fuese así. El confinamiento en nuestros domicilios con todas las necesidades básicas cubiertas, todo el ocio tecnológico a nuestro alrededor, y mensajeros repartiendo cientos de paquetes por las calles y pueblos de Navarra, no nos consiguen complacer. Quizá no éramos conscientes de que íbamos a una sociedad individualista y sin consciencia de comunidad. Ahora más que nunca vamos a valorar la frutería de barrio, hacer cola en la pescadería, “porque todo lleva su tiempo”, o al corte del carnicero del pueblo. Nos apetece dar un paseo y ver escaparates, ver precios, comparar, vigilar el propósito de nuestro ahorro, entrar, hablar, tomarnos una caña, porque leer la prensa o ver un evento deportivo solo en casa, no es lo mismo. Nos interesa el bricolaje, las manualidades, la jardinería o incluso la confección, pero necesitamos a un experto; Uno de esos que están detrás de un mostrador en una droguería, papelería, ferretería o tienda de decoración. Quizá con suerte, alguien se dé cuenta que perdió el tiempo buscando soluciones en un buscador, cuando tenía a un mentor junto a tu casa. Viendo todo lo que está pasando, y las necesidades que están brotando de nuevo, y que hace tiempo que no florecían, podamos reconocer uno de los problemas de nuestra sociedad; hemos perdido la costumbre de preguntar. De preguntar al que sabe, porque uno no puede saber de todo, de preguntar a cómo está el kilo o de preguntar una dirección en vez de usar el GPS. De preguntar cómo funciona o qué casa es la mejor, de preguntar cuáles son las más dulces o qué me sienta mejor o de escuchar las recomendaciones de un consejero. Valorar más una frase anónima de otro consumidor a la respuesta de un preceptor que te recibe en su casa, es de locos. Quizá el aislamiento social nos permita digitalizarnos y autoformarnos en videoconferencias y en plataformas digitales, pero quizá también, nos permita más valorar a nuestros comerciantes, tenderos y dependientes.


Mikel Cabestrero Etxeberria Técnico de comercio en MKcomunicacion

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