La perspectiva social del Coronavirus
Publicado el 26/03/2020 a las 08:17
El Coronavirus avanza a gran velocidad mientras el personal sanitario se deja la piel para proteger la vida de las personas. La sociedad se une para reconocer su labor y las ocho de la tarde son esperadas con ansia por todos los españoles que, además de aplaudir a los sanitarios, ven este evento como una posibilidad de contacto social con el resto de la población. La importancia de tener una visión biopsicosocial de los problemas sanitarios empieza a quedar clara. En una época en que la sociedad está acostumbrada a un ritmo de vida acelerado esta enfermedad nos obliga a parar de golpe y quedarnos en casa. No podemos ver a nuestras parejas, familiares y amigos ni tener una vida social activa y se pone en juego nuestra capacidad para mantener la solidaridad a distancia. Aprendemos que la soledad a veces es enriquecedora pero cuando se impone puede resultar devastadora. Aprendemos que en cualquier momento podemos necesitar a los demás y a reinventar normas de convivencia con quienes están a nuestro lado en esta crisis (el reparto de tareas, el trabajo en equipo, el apoyo moral y la paciencia resurgen y adquieren significado). Además, acostumbrados a rutinas y horarios, tenemos que repensar nuevas formas de entretenernos y mantener nuestra mente en orden. Estamos descubriendo nuestras habilidades y potencialidades y nuestra capacidad para fortalecernos ante situaciones adversas. Muchas personas han tenido que dejar de acudir a sus puestos de trabajo, esos que tanta desgana producían un domingo por la noche y que quizás aprendamos a tomarnos de otra forma. Ahora sabemos que tener un empleo fortalece el sentimiento de pertenencia a un grupo social y favorece nuestra integración en la sociedad y valoramos al resto de trabajadores reconociendo que todos somos útiles y necesarios para el funcionamiento de la población. El ser humano necesita buscar explicación a las cosas y obtener respuestas pero ahora no tenemos capacidad para medir los tiempos ni para controlar esta situación. Quizás esto nos ayude a aprender a situar la mente y buscar la felicidad en el día a día, porque si algo nos ha demostrado esta enfermedad es que el mundo puede cambiar en cuestión de segundos. En medio de este vaivén de emociones, estamos descubriendo que no queremos formar parte de batallones, ni de frentes abiertos. Que esto no es una guerra, que por cierto siguen existiendo y mucha gente muere por culpa de ellas, que esto es una enfermedad que afecta a la salud y a la vida social de las personas y que no tenemos armas ni escudos, solo ganas, esperanza y muchos profesionales dejándose la piel para que esto pase. Finalmente, no quiero dejar de mencionar a las víctimas. No olvidemos que esta enfermedad está dejando sin despedidas a muchas personas que, probablemente, no puedan empezar a cerrar heridas hasta que todo esto pase. Tengamos solidaridad y empatía por ellos. Quédate en casa; reflexiona, piensa en ti y en los demás.