Confinamiento o aislamiento
Publicado el 22/03/2020 a las 09:02
Conste que, de entrada, estoy a favor de las medidas dictadas por las autoridades, ahora y en situaciones menos extraordinarias. Sin embargo, algunas de las medidas aplicadas parecen cuando menos mejorables o discutibles. El punto de partida es que lo que produce contagios es la cercanía entre personas, no los desplazamientos. Eso sí, el trato tras un desplazamiento puede contribuir a dispersar la enfermedad. Algunas consecuencias lógicas serían: ¿por qué no puede alguien recluirse en una segunda vivienda? Para una familia de cierto volumen repartirse entre dos casas sería un modo de disminuir el riesgo de contagio total. ¿Por qué no puede ir un matrimonio en coche a cuidar unas vacas? Si duermen todos los días en la misma cama, ¿no pueden ir juntos en coche? ¿Por qué no puede alguien salir a pasear en solitario? ¿Ni a trabajar en la huerta? ¡Si es un modo de conseguir alimentos sin entrar en un comercio! O salir en bicicleta o moto, donde cada uno va aislado de los demás. Esas actividades incluso pueden disminuir la posibilidad del contagio dentro de la propia casa.
Por la misma razón, tampoco debería haber problema para que una familia completa salga al campo, en el mismo coche... con tal de que en el campo no coincidan con otras personas. Hay que evitar las aglomeraciones... y el primer lunes de confinamiento en Madrid reducen a la mitad el transporte público. ¡Alucinante! Una consecuencia perversa de apostar por el confinamiento. Lo lógico es aumentar la oferta de transporte público disminuyendo drásticamente la densidad de ocupantes. Y después ajustar la oferta a las necesidades, que serán cada vez menores. Lo mismo se puede decir de los restaurantes de carretera y hoteles en general: siguen siendo necesarios para sectores como el transporte, que no podemos permitirnos el lujo de bloquear.
Aunque inicialmente se han prohibido las actividades comerciales no esenciales, ahora se transmite el mensaje de que hay que demostrar que uno tiene un trabajo de importancia esencial para poder hacerlo. Y puede haber gente con un trabajo de oficina, en un despacho solitario sin atención directa al público, sin riesgo de contagio, en el que puede estar más seguro que en su propia casa. Reconozco el punto débil de esta demanda de flexibilidad: para la autoridad es más fácil controlar que nadie sale de su casa, a evitar las aglomeraciones y los contactos, los auténticos peligros actuales. Pero me parece que el esfuerzo merece la pena, y transmite el mensaje correcto sobre dónde está el problema. Sirvan estas ideas como sugerencias a las autoridades, desde mi aislamiento doméstico.