Pretendida superioridad
Publicado el 19/02/2020 a las 08:02
El gobierno foral actúa en terrenos diversos con mentalidad de casta, de grupo que se cree superior y con derecho a privilegios. Por ejemplo, al destinar seis millones más de euros anuales que el gobierno anterior a puestos innecesarios y adjudicados a dedo a compañeros, familiares y amigos. O con los bien escondidos pero recientemente destapados cientos de miles de euros regalados a medios proabertzales. Tiene dinero para política de amiguismo, de casta. Para arreglar carreteras, no. De haber perpetrado estos abusos la derecha habría un clamor contra lo que en ese caso sería caciquismo. Siendo ellos los autores, puede ser política progresista. El progresismo progresa.
Al cuatripartito le gusta presumir de progresista; es decir, considerarse superior en el terreno intelectual y en el moral. Típico de toda casta superior. Y naturalmente no ha permitido que su malgasto de los seis millones eche por tierra su presunta superioridad. Ha tratado de justificarlo presentándolo como algo del todo normal, diciéndonos que la gente no habla de ello en los bares. Semejante argumento indica que su supuesta superioridad es en realidad simpleza o cara dura. Asumiéndolo, no sólo ha de sentirse libre de culpa, sino con ánimos para avanzar por ese camino. ¿Por qué no en los presupuestos del año próximo doce millones de euros en lugar de seis para los amigos? Y si la gente siguiera sin hablar de ello en los bares, al año siguiente podrían ser veinticuatro, y acabar la legislatura quién sabe cómo. ¿Qué cosa mejor que gastar millones en favorecer a los suyos puede hacer alguien superior -progresista- si la gente no habla de ello en los bares? En Andalucía debió de pasar algo así: que la gente no hablaba en los bares y, claro, la casta tuvo que acabar organizando el tinglado de los EREs.
Por si esto fuera poco, la casta política del cuatripartito aprueba los presupuestos gracias a Bildu. Chivite es tan creíble y cumple su palabra tanto como su jefe y modelo Sánchez, y ha puesto a los votantes socialistas ante un dilema: o comparten la indecencia del abrazo con los de Otegui y continúan votándole tragando el sapo mentiroso de la negociación y el pacto con Bildu que había prometido no hacer y ha hecho, o le niegan el voto, cansados ya de tanto sapo y tanta tomadura de pelo.
El gobierno y Bildu han legislado también en plan casta privilegiada. Los no privilegiados estamos sujetos a leyes sancionadoras y somos castigados si las incumplimos. Pero la casta ha hecho para sí y en especial para los abertzales una ley sin sanciones, la Ley de Símbolos, de modo que podrán incumplirla sin ser sancionados. También en otros terrenos la casta política actúa como tal, imponiendo su supuesta superioridad intelectual y moral y unas desigualdades nada democráticas en la sociedad: arriba la casta de izquierdas que se cree infalible y que con su Ley de Memoria histórica nos impone una supuesta verdad sobre nuestra historia, sobre la propia identidad. Abajo, los obligados a pensar lo que ordene la casta, sin derecho a discrepar de lo decretado, sin libertad de pensamiento ni de expresión. O también arriba la casta imponiendo su monopolio de la verdad en la educación, y abajo la clase inferior de los padres que no comparten la ideología de la casta y a los que les niega el derecho a escoger el tipo de educación moral que consideren mejor para sus hijos. Progresismo insoportable.
Nada tan fácil además como que quienes se consideran superiores o sea progresistas pasen a creerse los más legitimados para ocupar el poder; y a pensar que si eso no ocurre la democracia está enferma o en peligro. En realidad es su pretendida superioridad la que no resulta compatible con los principios democráticos.