Pangolín y rentabilidad
Publicado el 19/02/2020 a las 08:31
Es curioso que desde que quisieron hacer responsable al pangolín de la transmisión del coronavirus mucha gente se ha erigido en defensora de los animales salvajes. Una vez que su familia ya está casi extinguida, llega la preocupación de la mano del miedo. No es el tráfico ilegal de especies y la sobreexplotación de hábitats naturales lo que preocupa, más bien la posible venganza que se pueda cobrar la naturaleza. Hasta el momento de la amenaza, silencio.
Me imagino que estará contento, no tanto por la muerte de muchos de esos humanos que nunca le escogieron como parte de su postureo gastronómico, sino por el acto de justicia divina que puede suponer la crisis internacional del coronavirus. El FMI dice que el PIB a nivel mundial puede descender entre un 0,1% y un 0,2% como consecuencia de esta emergencia internacional. “¿Y a mí qué más me da vuestro PIB?”, se preguntará el pangolín. Tiene toda la razón. Soy consciente de que no le será de mucho consuelo pero en España, el Ayuntamiento de Madrid va a gastarse 3 millones de euros en exterminar alrededor de 12.000 cotorras; puede calcular el considerable coste unitario. Un nicho de mercado muy interesante el del I+D+i en sistemas de exterminio de especies invasoras. El consistorio argumenta que hay unas 200 quejas vecinales de diversa índole, por ejemplo que su sonido es muy desagradable o sus nidos pueden caer de los árboles. Le llaman especie invasora cuando su expansión en las ciudades fue debida a la especie más inteligente, la humana, que las quería como mascotas que luego abandonar en el parque cuando su cantar empezara a estresar a ese padre que un día sucumbió a los caprichos del niño, el que daba el coñazo con que quería una cotorra. Aunque pensándolo bien, el pangolín lo tiene más crudo como animal exótico que quiere ser consumido, muchas veces crudo, en fiestas gourmet y orgías de sanación. Una forma de consumo que quizás haya tenido incidencia en la transmisión del virus. La cotorra, de momento, solo quiere ser exterminada porque molesta. Que no se preocupe, cuando sea el último ejemplar de su especie alguien creará la organización 'Save the Pangolin' y se venderán camisetas con su imagen en Wallapop.
La Universidad de Sussex afirma en un estudio que cada año se capturan 2,7 millones de pangolines en bosques del África central. Dudo que el Día Mundial del Pangolín, celebrado cada tercer sábado de febrero, sirva para descender el tráfico ilegal de miembros de su familia. Creo que es más probable que sirva para que sus cazadores furtivos celebren el perfeccionamiento de sus atroces técnicas de exterminio. Eso sería un comportamiento, no muy humano, pero muy reconocible en la especie humana. Y rentable, sobre todo rentable.