Sinónimos

Guillermo de Lazcano Ayerbe|

Actualizado el 26/02/2020 a las 17:57

Esta tarde he ido al cine. Proyectan “Sinónimos” en los “Yamaguchi”. Si les interesa y se interrogan acerca de la vida, la muerte, la construcción de la subjetividad, el lenguaje, los avatares de esta época o las reflexiones y propuestas personales, NO LO DUDEN. Asomarse a una ventana que te habla de la experiencia única, solitaria (aunque siempre estén los otros) y conmovedora de un joven confrontándose a los enigmas de la existencia, que de uno u otro modo son los de todos, nunca deja indiferente, al menos no a mi. “Sinónimos” nos hace aferrarnos a Yoav y nos exige, amarrados a su pálpito, acompañarlo por su intrincado y exhaustivo periplo entre dos muertes. Así, asistiremos a su muerte-renacimiento. Camina agitado por las calles de París, solo, tratando de desprenderse del pasado, de la historia que le han transmitido los otros y que sufre como un destino maldito. Escapa de su familia, de Israel, del ejército.  Al borde de la muerte lo adopta una pareja de jóvenes parisinos que le dan la oportunidad de decir-SE, de encontrar-SE y confrontar su pasado y vivir su presente, con ellos. Las historias que comparten nos lo muestran dolorido, asustado, sorprendido, inquieto, delicado, sensual y tenaz. (Se podrían añadir muchos más). Huye, huye, como un Héctor contemporáneo, de su Aquilés.  Reniega de su cultura, de su religión y de su idioma. Trata de ser francés, mimetizarse con la cultura y los valores de la patria de adopción; pero Yoav vuelve a encontrarse irremediablemente, con el exilio. No solo el exilio político, nacional y familiar, sino el exilio de sí. La enajenación de no ser uno mismo. Se experimenta extraño y desconocido para sí mismo.  En ese punto nos soltará. Yoav, nos ha llevado hasta esa puerta, hasta ese imposible, tras la que supuestamente está “mi amor” , como dice en un momento. Ahí está ese otro del que se quiere despedir. A pesar de sus palabras, la puerta no se abre. Silencio. Sabe que está ahí y golpea con fuerza creciente para derribarla. Inútil. Insiste, pero la puerta no cede. Mientras lo dejamos ahí, la cámara nos muestra del otro lado un fundido en negro. No hay escapatoria. Yoav lo dice: “Tras huir de Aquilés y dar siete vueltas a las murallas de Troya , a Héctor no le queda más que confrontarse a su destino.  Por fortuna, allí estaba Homero para contárnoslo y aquí está  Nadav Lapid para regalarnos a este Yoav, un nuevo héroe en los inicios del S. XXI. No un héroe anónimo, no. Uno singular que lucha por construir su subjetividad.  ¿Qué diría Leopold Bloom? Guillermo de Lazcano www. Guillermo de Lazcano

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