Los Reyes Magos de Oriente
Publicado el 06/01/2020 a las 08:30
No recuerdo por qué, ni en qué momento, pero sé que Melchor era mi Rey Mago favorito; lo tuve muy claro desde el principio. Y continúo teniéndolo claro pues, hasta la fecha, nunca me ha fallado. Y, es que, solo haciéndonos niños podemos superar las penurias y estragos que nos acechan y envilecen a lo largo del sendero de la vida.
Difícilmente podemos encontrar otro relato bíblico que haya estimulado tanto la fantasía como la historia de aquellos magos venidos de Oriente. Mateo, el evangelista (y sólo él), nos habla de magos, que no de reyes. Y no nos dice sus nombres ni cuántos eran. Probablemente fueran sabios astrólogos, conocedores de la historia y las tradiciones; con gran influencia social como consejeros públicos, llegando incluso a ocupar cargos políticos. El trato que recibieron del rey Herodes no fue de unos visitantes regios sino como mucho de embajadores. Pero en los primeros siglos del cristianismo, la palabra mago tenía connotaciones negativas entre los creyentes, pues recordaba la confrontación de Simón el Mago con los jefes de la iglesia. Este tal Simón había sido acusado de hechicería e incluso de dar origen al gnosticismo cristiano y a la herejía de los simonianos, que duró dos siglos. Así, los Magos de Oriente fueron coronados reyes en el siglo III por Tertuliano. De hecho, se convirtieron en reyes en el canon eclesiástico en el siglo VI.
Sobre su número, las representaciones halladas en las catacumbas romanas hasta el siglo IV mostraba indistintamente dos o cuatro, aunque tampoco faltaron representaciones de seis o de ocho en algunas pinturas primitivas. Para la iglesia copta fueron sesenta pero, finalmente, en el siglo IV su número se fijó en tres por uno de los Padres de la Iglesia, Orígenes, sobre la base de que los regalos eran tres, lo que fue ratificado un siglo más tarde por decreto del papa san León Magno. La versión de los tres reyes basada en los tres presentes arraigó en las Iglesias católicas u protestantes, mientras que la tradición ortodoxa mantiene que eran doce.
En cualquier caso, fueran tres, doce u otro número, lo que parece muy probable es que el cortejo fuera mucho más numeroso, ya que es inimaginable que personajes tan relevantes no viajaran con un importante séquito de sirvientes. Y, en cuanto a sus nombres, la primera vez que aparecen es en un mosaico bizantino del año 520, en Rávena (Italia), concretamente en la iglesia de san Apolinar en Nuevo. Y, curiosamente llevan atuendos persas y gorros frigios. Sobre la procedencia de los mismos existe la leyenda de que cada uno tenía un origen distinto, y se juntaron en el camino gracias a la estrella que los guió hacia Belén. Así, Melchor procedería de Europa, de la raza de Jafet; Gaspar, de Asia, de la raza de los hijos de Sem, y Baltasar de Egipto o Etiopía, de los descendientes de Cam. Y es cierto que los Magos de Oriente no sólo traen regalos a los niños, sino que también lo hacen a los adultos. Pero nosotros, en el fluir precipitado y doloroso de la vida, hemos bebido demasiados cálices de amargura, nos hemos enfrentado con demasiados fracasos y nos hemos dejado en la gatera demasiados pelos para podernos abrazar plenamente a los sueños que un día iluminaron nuestra infancia. En estos tiempos tan duros, en que el azote de la crisis económica nos agobia, el paro nos atenaza y la crisis social nos asfixia, cada vez nos tornamos más conscientes de nuestra fragilidad, y la festividad de los Reyes Magos cobra una relevancia más significativa.
No importa cuál sea su Rey Mago preferido (si es que tiene alguno), lo que importa es la ilusión y la fe que usted ponga en él o en ellos. Por todo ello le deseo un feliz día de Reyes Magos.