Los Reyes Magos, un modelo para la búsqueda de la verdad
Publicado el 05/01/2020 a las 08:28
Bastantes niños - y no tan niños- que acuden con gran entusiasmo a la Cabalgata de los Reyes Magos sólo saben de ellos que traen regalos para quienes han sido buenos y carbón para quienes se han portado mal. Para muchos niños los Magos son simplemente personajes de un cuento que los padres mantienen todo el tiempo que pueden. Sería muy interesante y formativo para los niños no ocultarles durante tantos años la verdadera historia.
Es una pena que no sepan algo más sobre unos personajes que nos proporcionaron un extraordinario testimonio de vida y grandes lecciones. Una de ellas es la de la búsqueda de la verdad, que es la búsqueda de Dios. A Dios se le encuentra si se le quiere y sabe buscar.
Algunos grandes personajes de la humanidad han buscado a Dios durante toda su vida, como San Agustín, y al final le encontraron. Sin embargo, hoy en día no tenemos estas inquietudes. Muchas personas excluyen de su vida toda referencia a la religión. En principio, no tienen mucho en contra pero el tema de Dios sencillamente no les interesa. No se trata de un rechazo muy consciente, sino de una cierta insensibilidad hacia la cuestión religiosa. En nuestra ajetreada sociedad del bienestar y del consumismo no conseguimos ni un momento para reflexionar sobre lo que nos trasciende.
El hombre, consciente o inconscientemente, tiene ansia de Dios. Desde los albores de la historia el hombre se mostró como un “ser religioso”. Esto se sigue viendo incluso en algunas personas famosas que negaban a Dios. El filósofo ateo Nietzsche hizo al final de su vida un impresionante poema sobre el “Dios desconocido”. Los Reyes Magos representan a todos aquellos que buscaron, sin cansarse, la luz de Dios. Perseveraron a pesar de las dificultades que se les presentaron. No les arredró que su camino era largo, incómodo y arriesgado. Sabían que la búsqueda de la verdad conlleva sacrificio.
Los Reyes Magos creyeron aunque no veían, aunque no entendían. Nos enseñan la importancia de estar siempre pendientes de los signos de Dios para reconocerlos. Se convirtieron así en modelo de fe para todos. Si queremos encontrar a Dios debemos desechar nuestros prejuicios y falsas certezas, nuestra soberbia intelectual, que nos impide percibir la proximidad divina.