Lúcida e inmarchitable certidumbre

Ángel Sáez García|

Actualizado el 12/12/2019 a las 09:12

LÚCIDA E INMARCHITABLE CERTIDUMBRE Te recomiendo encarecidamente, atento y desocupado lector (ya ella, ya él), que no seas un/a amado/a que a todo lo que argumente tu amada/o digas amén. Te recomiendo, asimismo, que no seas siempre un/a amante obediente, que no ponga nunca objeciones a cuanto arguya quien amas. Te recomiendo, por último, que, en todo momento y lugar, seas un/a amigo/a leal, pero con derecho a discutir lo que entiendes que pueden ser, si no intervienes, las próximas meteduras de pata de tu amiga/o. Si te he hecho en el parágrafo precedente la triple advertencia o recomendación ha sido porque he llegado a la conclusión provisional (por el momento) de que ser un/a amado/a que diga siempre amén, un/a amante superobediente y un/a amigo/a pasota puede ser para alguien una estrategia, pero esta es, no me cabe la menor duda, mala, peor, pésima. No me creo, ni harto de pacharán, que un/a amado/a vaya a tomarte, en serio, por su amado/a definitivo/a, si ve en ti a un/a excelso/a encajador/a de golpes, físicamente fuerte, pero de una debilidad de ánimo o una endeblez de carácter desasosegante. Una pareja con futuro requiere de dos personas complementarias e intercambiables. Ambas, en momentos distintos, pueden pasar por un período de bajón moral, pero siempre van a contar y encontrar en el/la otro/a quien les brinde apoyo y ayuda, a su fautor/a. Decirle a quien amas sí a/en todo (o no a/en todo, si eso es lo que desea) puede convertirte a ti en su esclavo/a o víctima, y a él/ella en tu dueño/a y señor/a o verdugo. Si él/ella es un/a sádico/a y tú un/a masoquista, puede ser la repanocha, miel sobre hojuelas, pero esa no es una situación normal, una relación habitual. Cualquier persona ve la realidad desde su perspectiva o punto de vista. Su opinión puede ser enriquecida por la del otro (hembra o varón), y verse reforzada, matizada, mitigada o rebatida por el parecer del ser querido. No es mala cosa poder contar con quien va a decirte la/su verdad, cómo ve el asunto o tema en cuestión, desde su prisma personal. A veces, mantener una discusión, disputa o pulso argumental no es algo malo, pues puede resultar beneficioso para ambos/as. Cuando uno/a considera que ha conseguido formar un matrimonio, pareja o tándem duradero, diuturno, con el otro (ella o él), ha de hacer todo lo posible para no ponerlo/a en riesgo, para no quebrarlo/a. Y más si ha llegado a la conclusión de que hay un adagio sueco que no se hace el tal, sino que encierra una lúcida e inmarchitable certidumbre, que una alegría compartida con la persona que amas es una alegría doble; y que una pena compartida con quien amas deviene, por arte de birlibirloque o magia, en la mitad de una pena. Ángel Sáez García angelsaez.otramotro@gmail.com

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