¿Que no es la paridad una parida? (1)
Actualizado el 06/12/2019 a las 08:49
He discurrido varias veces, en diversos sitios, oralmente y por escrito, en torno a la paridad. Si no en todas, en la inmensa mayoría de las ocasiones que eso ha acaecido, he arrancado o concluido mi discurso con la misma sentencia, que la paridad (entre hembras y machos en todo) es una estupidez mayúscula, una parida supina. Al parecer, no siempre he sabido argumentar con solvencia mi tesis, pues han sido varias las amigas o familiares que, en la primera oportunidad que han dispuesto, la han aprovechado para preguntarme con más detalle al respecto. Ergo, reconozco que me he visto impelido por ellas a echar mano hoy, en este texto, de mis conocimientos de oratoria y retórica para ver si razono más convincentemente que antaño y consigo persuadir a las que no lo fueron otrora. Imaginemos la sala más amplia del auditorio de una ciudad, capital de provincia, repleta de congresistas (ellas y ellos) o público. El resultado de dicho congreso (sobre el asunto que sea) ¿será peor por esta causa o razón concreta, que los miembros (féminas y varones) del comité organizador tuvieron la certera idea de invitar, de entre los ponentes disponibles (ellas y ellos), a los mejores (o sea, que primaron la calidad de los mismos y orillaron el pormenor de su sexo)? Sinceramente, no lo creo. Es más; estoy seguro de que los asistentes (mujeres y hombres) aplaudirían a un ponente (hembra o macho), el que fuera, siempre que el tal hubiera estado en su exposición de cine; y todavía más si su contribución hubiera sido reputada por ellos excelente. Otro tanto ocurriría con los miembros de las mesas redondas. Si el abajo firmante hubiera participado en dicha hipotética reunión, siguiendo la estela o el rastro de Horacio, hubiera aplaudido a rabiar al ponente que hubiera estado en su disertación, según su personal parecer o individual criterio, más útil y más dulce, más instructivo y más divertido. (Continúa.)
