Educar en lo que debemos
Publicado el 03/11/2019 a las 09:06
Como todo en la vida, normalizamos la rutina. Aunque sea costosa y dañina, te adaptas sin cuestionarla. Lo mismo ocurre con esta lengua. ¿No están hartos de escuchar que sin inglés no eres nadie? Hemos normalizado esta invasión lingüística hasta tal punto que los propios padres ven normal que sus hijos den asignaturas en inglés. Y si puede ser todo en inglés, mejor. ¡Bravo! ¿Estáis contentos? ¿Os habéis quedado satisfechos? ¡Otro bravo! Y ahora dígame, ¿no ve más lógico que su hija tenga una asignatura sobre educación emocional en vez de aprender lenguas extranjeras cuando no domina ni siquiera la propia?
Y permítanme adelantarme a la que viene ser su respuesta ahora mismo. Que seguro, viene a decir algo así como que “El futuro de mis hijos es el inglés y sin él no serán nada”. Permítanme acudir a una frase que decía el ilustre Nelson Mandela: “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”. Haciendo alusión a esta elogiosa frase, mantendré la ilusión viva hasta que vea por primera vez en la portada de los medios de comunicación que el gobierno decide implantar este tipo de asignaturas y recortar en otras que no competen en determinadas etapas de nuestros hijos. Personalmente, prefiero un hijo que aprenda sobre la felicidad. Sobre los sueños. Sobre la frustración. Sobre la tristeza. En cuentas generales, sobre la vida.
Porque todo tiene un porqué y desde niños somos cerebros flexibles que vamos moldeando con agua y arcilla, con información y educación, para quien no comprenda la metáfora. Una arcilla que va cogiendo forma para enfrentarnos a la cruda realidad años más tarde. Una dura realidad de batallas mentales. ¿Saben? En España el suicidio es la segunda causa de muerte, después de la muerte natural. ¿Asusta, verdad? Sobre todo cuando te toca de cerca. Y no, no estoy exagerando. Entre suicidios de edad joven, la mayor parte de las razones son variables de personalidad, estrés emocional, bullying… La vida es muy dura. Y hay quienes tenemos la capacidad de controlar nuestras mentes, de momento. Pero hay miles de niños, adolescentes y jóvenes quienes consideran un suplicio empezar un nuevo día al que no ven ilusión alguna.
Como decía el dicho, “importancia a lo importante”. Creo que con este breve texto doy claramente a entender que aún estamos a tiempo de educar en lo que debemos. Nuestras vidas necesitan relajación, empatizar, aprender a soñar pero, sobre todo, entender que esos sueños no siempre se cumplen. Que la vida sigue y es maravillosa. Y cuando seamos capaces de comprender estas palabras, podremos centrar la mente en atender otras de idiomas que ni siquiera entendemos en el nuestro, raíces cuadradas, elementos bioquímicos, fechas bélicas y un sinfín de material que el 99% de personas no utilizamos en la que será nuestra futura vida. Todavía estamos a tiempo…Trabajemos en la mente.