¿Un pacto por el patrimonio?

Miguel Cornejo|

Publicado el 30/10/2019 a las 08:55

El pasado día 24 celebramos en Condestable una pequeña conferencia sobre la presencia romana en Pamplona y su conservación, con especial atención a la Plaza del Castillo. Cuatro jóvenes ponentes (Luka García de la Barrera, Paola Bernal Hirata, Paulina Laphond Payán y Ane Urrizburu Jáuregui) nos expusieron lo que había bajo la Plaza, y lo que fue de ello (se lo resumo: se perdió innecesariamente y para siempre, muchísimo), así como algunas posibles soluciones.


Pamplona ha estado habitada durante los últimos 2.000 años, y más. En su terreno hay restos sobre restos, prerromanos, romanos, visigodos, árabes (más de los que se creía). Cada nueva excavación arroja sorpresas sobre nuestra historia. Y cada vez que se pone pala en tierra en el centro de la ciudad aparece algo significativo. En los sótanos de lo Viejo es frecuente encontrar, tapiado para que no moleste, lo que podrían ser ruinas interesantes.


En las dos últimas conferencias hemos tenido oportunidad de escuchar tanto a ponentes cualificados (arqueólogos que intervinieron en las excavaciones, historiadores) como a miembros bien informados del público (tan informados como Mercedes Unzu) detallar el modo en que se ha tratado el patrimonio histórico enterrado de Pamplona: con demasiada frecuencia, como un estorbo más que una oportunidad. “En ningún sitio se ha tratado tan mal” es el mejor resumen (y una cita literal).


El problema no es sólo de la institución Príncipe de Viana y sus criterios, o de los partidos, o de los promotores. El problema es que aún no hemos creado el marco para que ese patrimonio, esos restos (como las maravillas que hay bajo el parquecillo de San Fermín de Aldapa) dejen de ser un problema para los afectados y se conviertan en algo positivo. Todos hemos visto centros históricos que incorporan mejor sus ruinas. Un ejemplo, citado en la ponencia por Patty Cavero, es lo que se ha hecho en Toledo para incentivar que los comercios integren las ruinas (con suelos transparentes, por ejemplo). Otro es Tarragona, al menos en parte. Dicho con claridad: Pamplona tiene la oportunidad de usar su patrimonio como un activo para generar empleo y riqueza, para atraer actividad y visitantes, para complementar y potenciar sus comercios. La cultura no es sólo un bien intangible, es una industria a la que parecemos empeñados en dar la espalda. Hemos arrasado, por ejemplo, los restos de las mayores termas romanas del norte de España porque “estaban muy estropeadas” y “no cabían” (ambas afirmaciones discutidas por los expertos). Hay partes de ese patrimonio que se pueden musealizar. Hay partes que se pueden integrar en la arquitectura urbana. Hay partes que ya sólo se pueden recrear digitalmente (pero seguirían siendo, en realidad aumentada, un activo para la ciudad). Nada de esto es gratis. Pero no es lo mismo considerarlo un lujo superfluo que verlo como una oportunidad para la ciudad y sus habitantes. Si lo vemos como lo que es, encontraremos el modo de ayudar a los propietarios y promotores a conservar (y hacer visible y visitable) más patrimonio. Encontraremos el modo de fomentar los proyectos de la industria cultural que se construyan en torno a ellos. Encontraremos el modo de integrar lo que tenemos en la oferta de la ciudad, para hacerla más visitable (y más atractiva para venir a vivir). Las ponentes tenían ideas muy sencillas y muy concretas, y seguro que se pueden encontrar más si se buscan.


El día 24 había varios concejales de Cultura de la Cuenca de Pamplona en la sala. No tardaron en ver el potencial de estas ideas para el desarrollo económico de sus poblaciones.


Miguel Cornejo, Presidente de Asociación y Peña Sanferminera Pompaelo.

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