Frenar el tren sin frenos

Pablo Martínez-Sagarra Sagardia|

Publicado el 22/10/2019 a las 07:20

¿Quién va a defender la libertad? ¿Quién va a recoger el legado que estamos dejando? ¿Quién va a querer avanzar cuando hayamos retrocedido todo lo posible y más? ¿Quién podrá defender la verdad entre tanta sarta de mentiras? ¿Quién podrá unir lo que otros han dividido y sin la irresponsabilidad de los irresponsables que se consideran ajenos a lo propio?¿ Quién ensalzará con orgullo la bandera de sus ideas cuando el pesimismo haya sumido nuestro mundo en un río de perversión?¿Quién quitará la venda de los ojos a todos los que piensan que la verdad depende de cada uno y no de todos? ¿Quién se atreverá a dar sin recibir nada a cambio? ¿Quién beberá pensando en la sed que su vacío le puede dejar? ¿Quién seguirá mirando con ojos de luz a todo lo que la oscuridad nos quiere mostrar? Haced, hablad, escribid, realizad, trabajad, dormid, descansad, disfrutad pero nunca nunca nunca pensad y mucho menos rezad porque la vida es un cúmulo de circunstancias que algún día se acabará como si no hubiese pasado nada. Aprovechad todo lo que queráis de nuestro planeta, destruyendo todo menos la materia de la que está hecha el mundo que es lo único que en verdad podríamos utilizar. No nos acordamos de que el que siembra vientos recoge tempestades y no nos imaginamos lo fuerte que es este huracán. Nuestros barcos son zarandeados por las aguas bravas de un mar que devora todo a su paso y no podemos hacer nada absolutamente nada por evitarlo. Basta ya de tanta hipocresía, basta ya de falsas complacencias, basta ya de acusaciones injustas que la justicia no se atreve a condenar, basta ya de difamar, basta ya de prohibiciones de palabra que demuestran la legalización de la mentira.

Dónde queda la moral, la ética, la verdad, la realidad, la felicidad, la alegría, la virtud; todo aquello que persigue un ser humano y que un animal no puede ni siquiera anhelar. Hace falta una auténtica rebelión de nuestro tiempo para frenar este tren sin frenos que desemboca en el abismo de la caída eterna. Seamos valientes, sin miedos ni dudas, seguros de que lo nuestro no sólo nos hace bien a nosotros sino que hacemos mucho bien a los demás. Recordemos que el mundo es de Dios y él se lo alquila a los valientes.

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