Ojalá salga airoso de ese brete (2)
Publicado el 17/10/2019 a las 18:38
(Sigue.) “El carácter de un hombre es su destino”, dijo Heráclito. Como otrora (lo admito), cuando trenzaba mis renglones torcidos, solía ser oscuro, como así llamaban al filósofo presocrático mentado (al menos, tendía a serlo, según opinión generalizada), por cierto, procuro ser en la vida normal (lejos de mi esposa —así la he tratado en un sinfín de ocasiones—, la literatura) cristalino, diáfano, transparente. Lo urdiré de otro modo. Como, cuando me adentro en el ámbito literario, aunque me base o fundamente en la realidad, esta la metamorfoseo a mi antojo, con anécdotas y/o datos creíbles, verosímiles, pero falsos, mendaces, procuro ser en el día a día todo lo opuesto, veraz, decir verdades como puños. Sé que me desnudo y, frágil, vulnerable, quedo expuesto a recibir dardos y venablos sin cuento, pero ese es mi sino, mostrarme cual soy, siempre que no tenga un bolígrafo en la diestra o, cercano, el teclado de un ordenador, donde puedan danzar, con y en libertad absoluta, las yemas de mis dedos. El amor y el humor son los dos ingredientes fundamentales para seguir peregrinando por este valle de lágrimas. Como servidor intenta hallar el primero, pero no lo encuentra, opta por el sucedáneo, se lo inventa. Nadie ha objetado que el desamor es una potente fuente de energía creativa, la cresta de la ola que, si la sabemos surfear, nos puede deparar el orgasmo existencial, donde acaso dudábamos arribar un día ilesos, indemnes, salvos y salvos. ¡Mira que tienes humor, Ángel! Ángel Sáez García angelsaez.otramotro@gmail.com