Ojalá salga airoso de ese brete (1)
Publicado el 17/10/2019 a las 18:37
OJALÁ SALGA AIROSO DE ESE BRETE “Yo soy yo y mi circunstancia; y si no la salvo a ella no me salvo yo” escribió José Ortega y Gasset en “Meditaciones del Quijote” (1914). Tú, Pilar, has sido mi circunstancia cimera o suprema, la más digna de amar (y acaso por eso no dejes de serlo, mientras viva). A ello (esta es una de las pocas certezas apodícticas que acarreo, porto o porteo) me dediqué, dedico y dedicaré. Aunque, al quebrar tú (fue tu decisión) el cordón de plata que nos unía, al romper la relación (meramente telefónica) que manteníamos a distancia, me arruinaste la vida, haberte conocido y haber barruntado (y soñado, estando despierto y dormido) cómo hubiera podido ser nuestro día a día en común me ha salvado tantas veces de caer en el hoyo o el infierno que quizá acabe (como ahora intuyo, por medio de la literatura) por facilitarme que logre salir airoso de ese brete que es vivir. Reconozco que te odié por hacer añicos mis ilusiones, pero, como al mismo tiempo te idolatraba o veneraba, aquel constante contraste, aquella diuturna paradoja, aquel cúmulo de sensaciones contradictorias, me dejaba atónito, estupefacto, paralizado, perplejo. Me sentía agotado e incómodo. Tal vez te acaecía a ti tres cuartos de lo mismo, porque más de una vez advertí en el tono y en el timbre de tu voz o sospeché que tú también te sentías así, agobiada. Mi amor propio, mi orgullo, creerme mejor persona que otros candidatos, más honesto, más íntegro, más leal, más veraz, fue una barrera insalvable, un obstáculo omnímodo, para entreverte por dentro, para hallar tu centro. (Continúa.)