Vivir hoy en un pueblo de menos de 30 habitantes
Publicado el 30/09/2019 a las 17:36
Hace algunos días se publicó en este periódico el artículo “Vidas fuera de cobertura”. Genial en la redacción, había algo en el trasfondo que chirriaba un poquito.Me presento: soy una de esas personas que vive -con mi marido y mis dos hijos de 6 y 7 años- en un pueblo de menos de 30 habitantes en la zona centro-norte de Navarra. Un pueblo sin tienda, ni bar, ni transporte público. Pero esos “contras” -que en su día sopesamos y fueron menos que los “pros”- no han motivado esta carta, sino la imagen estereotipada de un entorno de “vida de cuento” donde criamos a nuestros hijos “entre huevos de gallina y leche recién ordeñada”. En una comunidad tan pequeña como Navarra nunca he entendido esa dicotomía urbanita/ rural. Pamplona, si me lo permiten los pamplonicas y sin que suene peyorativo, por favor, es un pueblo de apenas 200.000 habitantes (sin su comarca), donde cualquiera puede tener un par de gallinas en su unifamiliar, si le apetece, o una planta de tomate en su terraza. Por no hablar de que todo el mundo conoce a “zutanito de tal” y “menganito de cual” de la familia “pascual” y mucha gente vive cerca de sus padres porque la conciliación familiar tampoco ha llegado a la “ciudad”.Por otra parte, esa imagen estereotipada del entorno rural -al que parece que solo puedes regresar si eres hippie neo-rural quieres cultivar tus propias lechugas o hacer tu propio pan- no ayuda en nada a frenar su sangría de despoblación. En el entorno rural convivimos personas de perfiles muy diversos: profesionales liberales, autónomos, empresarios, profesionales de la agricultura y la ganadería, etc. Subrayo esta obviedad porque creo que no se tiene en cuenta y que, con ello, se cae una y otra vez en una visión reduccionista del ámbito rural. Si queremos que más gente se quede en un pueblo –lo digo por experiencia porque hasta los 14 años viví en un pueblo del Pirineo, en el Valle de Aezkoa, al que sigo yendo- hay que mostrar su realidad. Esa realidad la conformamos personas muy diversas. También, por supuesto, ganaderos y agricultores. Ellos han mantenido el entorno produciendo alimentos de altísima calidad que no valoramos lo suficiente, cuando no sustituimos sin criterio por cualquiera con etiquetado “eco” aunque proceda de la Conchinchina.Quienes vivimos en un pueblo pequeño en Navarra hoy no tenemos, ni queremos, solo “una vida más tranquila”, sino una vida tan compleja y llena de retos como la que se pueda tener en una ciudad. Tampoco vamos a renunciar a que nuestros hijos tengan la mejor educación, sanidad o acceso a la cultura posibles.El lugar donde vivimos no nos determina. O no debería hacerlo. Ojalá la mejora en las telecomunicaciones –con la llegada del 5G a las poblaciones más pequeñas de Navarra-, las nuevas formas de transporte –como el coche compartido- o un modelo de desarrollo más justo, que comprenda a Navarra en su totalidad, acaben con las barreras físicas y mentales que nos lastran a todos.